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Valentina Litman

Valentina Litman y los dos lados del mostrador en el mundo del vino

Desde un tres estrellas Michelin hasta una bodega creada a pulmón, Valentina Litman ha pasado por cada rincón del universo vinícola.

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Valentina Litman

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Desde un tres estrellas Michelin hasta una bodega creada a pulmón, Valentina Litman ha pasado por cada rincón del universo vinícola.

Es sabido que los gastronómicos son personas inquietas. Curiosas, volátiles, apasionadas. La sommelière argentina Valentina Litman lo demuestra con su carrera. En pocos años, encarnó tantos papeles como pudo: cocinera, sommelier, productora vitivinícola, comunicadora. En Argentina, en Estados Unidos, en España. Haciendo catering, en un tres estrellas Michelin, hoteles de lujo o ensuciándose las manos en haciendas rurales. La pasión pareciera ser el único hilo conductor

Comenzó su carrera como cocinera, aunque el ojo se le iba un tanto para el mundo líquido cuando se descuidaba. Decidió dejar su país natal y empaparse de las enseñanzas del mundo. Primero, en un hotel estadounidense; luego, en el restaurante homónimo de Martin Berasategui, una institución de la gastronomía mundial. Allí fue donde pegó el salto de la cocina al salón y nunca volvió a mirar atrás.

Con más logros de los que podría haber soñado -Head Sommelier en Martín Berasategui, las más altas certificaciones, el título de Mejor Sumiller del País Vasco en 2018-, Litman decide emprender en un nuevo desafío: ya no sólo vender vino, también hacerlo. Un pequeño proyecto en el Penedés catalán le abrió las puertas a un universo nuevo. Hoy, a la par de sus labores como Head Sommelier del Palacio Duhau Park Hyatt en Buenos Aires, expresa esos aprendizajes en terruño mendocino con su proyecto Primer Horizonte.

Valentina Litman

Los (acelerados) primeros pasos

¿Cómo empieza tu carrera en la gastronomía? 

Cuando termine el colegio, elegí el camino pasional de la gastronomía. Quería aprender de la tentación dulce, las salsas, el fuego, la paciencia de la cocción, la materia prima, todo el trabajo dentro de una cocina. Me lo propuse y me encaminé hacia una meta con muchos picos que conquistar. Sabía que antes de emprender tenía que prepararme y dónde mejor que hacerlo que en el Instituto Argentino de Gastronomía. 

Tenía claro que debía de empezar en mi ciudad, donde veía un gran campo que explorar. Caterings y restaurantes eran mis casas, aprendía más y más. En ese momento ya empezaba a tener cierta atracción por el mundo vinícola, el suficiente para captar mi interés y así motivarme a ganar cierta comprensión para ampliar y complementar mi disfrute gastronómico. 

En el 2013 me aventuré hacia Colorado, Estados Unidos: trabajé en un hotel-restaurante cinco estrellas. Pude ampliar mi visión de la gastronomía en otro país muy diferente al nuestro. Luego sabía que debía de continuar y subir más arriba. Quería estar en el restaurante de algún chef en el viejo continente.

Empezaste a trabajar en la cocina de uno de los restaurantes más icónicos del mundo, Martín Berasategui. ¿Cómo fueron esos primeros meses? ¿Cuándo pasas al salón?

Después de muchas solicitudes enviadas, una respuesta me llamó la atención: Martin Berasategui, un tres estrellas Michelin en San Sebastian, su casa madre. Primero trabajé como cocinera en la partida de entrantes, ayudando a la jefa de partida. Enseguida se transformó en un equipo al que debía liderar.

Durante 6 meses, esa era mi función. Después de eso, quise aprovechar mi tiempo como pasante y apareció un espacio diferente. El salón me abrió sus puertas y apareció la sumillería. Me dieron una oportunidad para estar con el equipo de sumilleres en pleno servicio, un nuevo horizonte de la gastronomía. Me cautivó y decidí agarrarlo. Nunca lo solté.

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De la cocina al salón

Terminaste como Head Sommelier de un restaurante tres estrellas, ¿era algo que pensabas cuando entraste al mundo de los vinos? 

A partir de esa decisión empecé con una nueva formación en torno al servicio de sala y vino, como ayudante de sommelier del gran Antonio Cáceres, mi primer gran mentor, muy generoso. Pasé a ser la segunda sommelier del restaurante hasta que llegué a la posición de Head Sommelier del restaurante junto a Joan Casajuana.

Trabajamos muchas horas, con esfuerzo, actitud y muchas ganas, lo aproveché al máximo. Cinco años pasé junto a los Berasategui, una familia tremendamente bondadosa. 

¿Qué tan importante fueron el estudio y las certificaciones en ese proceso?

Mi posición requería reforzar mis horas de trabajo con viajes en mis días libres visitando viñedos y productores que me fascinaban por todo Europa y complementándolo con estudios en las universidad de vino como el CMS (Court of Masters Sommelier) y el WSET (Wine & Spirit Educational Trust), llegando a completar el Master-Diploma en el Reino Unido.

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Llegaste a ser Mejor Sommelier del País Vasco en 2018. ¿Qué te llevó a anotarte al concurso? ¿Cómo fue concursar, siendo argentina?

Para mí concursar en ese momento fue algo natural que me dio mi día a día trabajando. Me sentí tranquila pero al momento de subir al escenario siempre algo de nervios aparecen. Llegar a ese lugar fue un trabajo que se fue construyendo. Venía con un muy buen ritmo de servicio que me daba muchísima práctica y mucho estudio que hacía en paralelo.

¿Alguna vez pensaste en concursar en tu país?

Volví a Argentina en el 2019, y justo era año de concurso pero estaba en paralelo rindiendo exámenes del diploma, adaptándome a Argentina con muchas cosas nuevas. Preferí no exponerme a otra presión más. Para el siguiente concurso ya no estaba en Buenos Aires, me había vuelto a Europa y mi foco estaba en aprender a hacer vino, así que el concursar ya no era un objetivo. En el concurso de este año 2025, me invitaron como jurado, ya no tenía esa posibilidad. De todas maneras hoy me siento más lejos de volver a hacerlo, aunque siempre me encanta la idea de estudiar y lo que representa prepararse.

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Una vuelta a los orígenes: el terruño y la Argentina

De lo más alto de la gastronomía, te fuiste a una región tranquila de Cataluña a hacer vino, ¿por qué? ¿Qué aprendiste vinificando?

En 2021 comencé a trabajar en la bodega y viñedo de Recaredo en Sant Sadurni d’Anoia, en Penedes, para poder aprender el arte de la elaboración del vino, la viticultura y el enoturismo. Siempre tuve ganas de profundizar en todo lo que venía estudiando como sommelier, pero sentía que tenía que llevarlo a la práctica para enraizarlo. Una de las áreas que más me llaman la atención del mundo del vino es la viticultura, observar y escuchar a la naturaleza. Trabajar con suelos vivos, entender la microbiología, las herramientas de la biodinámica; logran que pueda sentir el vino incluso de una manera más profunda. 

La ilusión y las ganas de hacer vino hicieron que me encontrara con Anna Vallés. Ella y su familia tienen una hermosa masía y viñedos llamado Más de Palou. Su actividad principal es la venta de uva a otros productores de la zona, pero nuestra curiosidad hizo que nos prestaran algunas partecitas de diferentes viñedos para poder vinificar y experimentar, logrando nuestro primer sueño como viñadoras. 

2022 fue nuestra primera cosecha. Compramos varias herramientas, contenedores, nos armamos una pequeña bodega en un espacio que tenían como un viejo taller; la montamos para la vendimia y con la ayuda de su familia y amigos de la región e hicimos vino. Fuimos acompañando el ciclo de de la planta desde la poda en invierno hasta que llegó el fin del verano y la fruta estaba lista para cosechar. Fue un año de pura investigación y de mucha diversión.

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¿Por qué volviste a Argentina?

Porque mi papá se enfermó y fue mi prioridad, quería estar cerca de él y de mi familia. Fui y volví a España varias veces en el 2023 pero finalmente acomodé todo como para volver a instalarme en Argentina. 

¿Qué cambios notaste en la gastronomía de tu país a tu regreso?

La gastronomía argentina tuvo cambios interesantes en los últimos años. Noté una mayor conciencia sobre la sostenibilidad y la salud en la industria. Los restaurantes buscan la simpleza y calidad del producto. Me gusta mucho el estilo que lleva la gastronomía hoy en día. 

El consumo de vino es de mayor calidad. La gente prefiere gastar un poco más y consumir vinos que tengan propósito y una historia detrás. También creo que la llegada de la guía Michelin a Argentina ha impulsado más aperturas potenciando la innovación, calidad y motivación en el oficio. 

Hoy trabajas como Head Sommelier en el Palacio Duhau, ¿qué diferencias hay entre hacer servicio en un restaurante tres estrellas y en un hotel de lujo?

En un restaurante tres estrellas, el servicio es más formal y estructurado. En ambos escenarios el equipo debe estar bien capacitado y experimentado con un enfoque en la calidad de la comida y el servicio al cliente. En un hotel de lujo, como en el Palacio Duhau Park Hyatt Buenos Aires el servicio es más personalizado, con un enfoque en la experiencia del huésped en su totalidad. Se requiere una gran flexibilidad y capacidad de adaptación.

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En Argentina también emprendiste en un proyecto vitivinícola, ¿cómo surgió? 

El proyecto se llama Primer Horizonte y junto a Juan Saravia y Alan Dino logramos que tres vidas, tres caminos y tres experiencias distintas que, aunque nacidas en lugares distintos, converjan en una búsqueda común. Nos une la sensibilidad, la pasión por crear con honestidad y ese toque de ingenuidad que mantiene viva la  curiosidad.

Decidimos viajar de Buenos Aires a Mendoza para hacer vino desde una perspectiva experimental, de puro aprendizaje. En el camino encontramos a Gabriel Dvoskin, nuestro guía en esta primera etapa. Un creador meticuloso y apasionado, su sensibilidad y atención al detalle nos inspiran. Con Gabriel y su pequeño equipo en Canopus, seguimos el ritmo de la naturaleza en cada etapa, comprometidos con el oficio y la  imaginación siempre presente.

Primer Horizonte es un proyecto nacido del encuentro, el trabajo y la investigación constante. Creemos que la elaboración del vino es un proceso tan vibrante como las historias que se crean a su alrededor. Un gran vino no solo se produce, sino que se construye como una historia: con carácter, identidad y la capacidad de vivir el ahora y perdurar.

Primer Horizonte cierra su primer año, ¿fue lo que esperabas? 

2024 fue nuestra primera cosecha y una sorpresa. La gente recibió los vinos con mucho cariño. Sentimos que se logra valorar los pequeños proyectos con alma, que de apoco van creciendo y ojalá dejen una huella.

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¿Qué le espera a futuro?

Vemos a Primer Horizonte como un proyecto que no solo se va a vincular con el vino. Nos motiva enriquecerlo con otras disciplinas, otros paisajes y vínculos. Para nosotros el horizonte no es solo un punto a la distancia; es una dirección, un propósito. Es lo que guía nuestro trabajo, sin certezas absolutas, pero con la convicción de que avanzar es lo importante. 

Como productora mi reflexión se inclina sobre la necesidad de enfocarme en la sostenibilidad y el respeto por la tierra. Ayudando a vivir de otra manera el consumo del vino, enfatizando la importancia de la autenticidad y la conexión con la naturaleza. Como Sommelier va a ser seguir creando una conexión más profunda entre los productores, los sommeliers y los consumidores.

  • Manuel Recabarren

    Periodista gastronómico y sommelier (CAVE). Colaboro en diversos medios especializados de Argentina y Latinoamérica. En mi tiempo libre, estudio Ciencia de Alimentos y doy clases en la Universidad de Buenos Aires.

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