Se inició en la Closerie De Kerdrain, en Francia, y desde entonces no ha parado de crecer. Dueño de un estilo único, el cocinero galo refleja la dedicación y el interés por dar vuelo a la gastronomía de alto nivel.

Sus primeros pasos en la cocina fueron con apenas 16 años, en La Closerie De Kerdrain, un restaurante que funcionaba en una antigua casa burguesa, escondida tras un muro de piedra, en la localidad francesa de Auray. Grégoire Berger llevaba consigo toda la experiencia de la buena comida que había aprendido de su madre y su abuela, en los tiempos en los que las acompañaba en la cocina.
Originario de Versalles, París, se crió en la región de Morbihan en Bretaña, donde se graduó en el CFA, el prestigioso instituto culinario de Vannes. Su trayecto por el espinel de la gastronomía lo posicionó en lugares impensados, a tal punto que hoy es el chef principal del icónico restaurante submarino Ossiano en Atlantis, The Palm, Dubái.
Si hay dos términos que lo representan son audacia y dedicación. Suele contar que, a lo largo de los años, tuvo la oportunidad y la buena fortuna de relacionarse con excelentes mentores, como su padre y otros tantos profesionales del ámbito de la gastronomía que le enseñaron a pensar de una manera particular.
“Siempre he estado fascinado por la tierra de mi región, los productos de frescura extrema, el pescado de la subasta y los paisajes como cuadros. Por encima de todo, los platos de mi abuela, así como los olores de su cocina”, revela Grégoire Berger. Y agrega: “Desde muy joven, me llamaron la atención las múltiples posibilidades de creación en este oficio y en la vida”.
Abierto a todo tipo de disciplinas, el cocinero reveló que tiene la percepción de que la cocina es mucho más que un plato y avala una tendencia predominante que considera crucial en la gastronomía contemporánea: el storytelling. Reflexiona que las personas buscan más que una experiencia culinaria y que desean comprender el trasfondo de los platillos que disfrutan.
Por ello, en cada una de sus presentaciones prefiere destinar parte de su creación en relatar sobre diferentes culturas, y proporcionar contexto y una historia para dotar a la gastronomía de una dimensión adicional.
Mucho tuvo que ver que su carrera haya estado marcada por viajes y experiencias. Sin duda, de cada uno de los mojones en su periplo, su llegada a Dubái fue (y es) un hito en su carrera y resultó también un punto de inflexión tras décadas de recorrer el mundo y conocer numerosos países.













Esta amalgama de experiencias logró capitalizarla al llegar a Dubái y allí se convirtió en la mano derecha del chef con tan solo 24 años. A partir de 2014, es el jefe de cocina del icónico restaurante gracias a su ojo perspicaz y la innovación que le sumó a sus platos.
El restaurante cuenta una clientela universal que reúne habitualmente cerca de veinte nacionalidades entre sus comensales, y por eso su menú pasó a ser un libro de viajes que lo ayudó a transformar y a madurar su visión culinaria.
De este modo, Ossiano Dubái, de la mano del prestigio de Grégoire Berger ha sido galardonado con una estrella Michelin. Quienes han tenido la oportunidad de vivirla, es una experiencia gastronómica inspirada en el océano y el mar. Al estar sumergido, es posible comer mientras las mantarrayas, los tiburones y los peces del acuario se deslizan junto a la mesa. Allí se ofrecen los mejores productos de todo el mundo; Berger ofrece a los huéspedes la oportunidad única de probar ingredientes excepcionales y exquisitamente elaborados.







Grégoire tiene la postura de que los jóvenes cocineros no deben replicar exactamente lo aprendido sino emplearlo como cimiento para encontrar su propia interpretación culinaria. Asume que actualmente “no hay límites en la creación de platos” porque el mundo de la cocina ha logrado fusionar sabores y experiencias. Habla de catalogar a la cocina como una expresión personal y emocional en cada preparación.
Al ver la satisfacción de los chefs que colaboran en su restaurante Océano, siente que han creado algo auténtico y profundamente personal en ese espacio. Considera que el acto de cocinar es una manifestación de amor hacia los demás, buscando transmitir emociones a través de la comida. Pero más allá de su trayectoria, es humilde para recibir el reconocimiento de quienes lo han seguido a lo largo de los años.
Con una carrera que fusiona la pasión, la innovación y la búsqueda incesante de perfección, Grégoire Berger ha dejado una impronta indeleble en cada plato y en la mentalidad gastronómica global.
Todavía recuerda al primer chef que le transmitió entusiasmo y ganas de seguir en este oficio. Fue Fernand Corfmat de La Closerie de Kerdrain en Auray, su primer empleo. Desde entonces, su viaje por la gastronomía le ha permitido crear una paleta de sabores multiculturales.
Su compromiso con el amor por la comida y la emoción en cada bocado son un reflejo no sólo de su maestría culinaria, sino también de su capacidad para trascender fronteras, compartir historias a través de sus creaciones y dejar una huella duradera en la industria gastronómica internacional.