La coctelería latinoamericana vive su mejor momento. Anota estos diez bares que no puedes dejar de visitar.
La industria de los bares latinoamericana está recibiendo las miradas del mundo: por su calidad, por su creatividad, por su compromiso con el entorno -social y natural-. Cada vez más latinos aparecen en listas, rankings y premiaciones, llenando de orgullo a un continente entero.
A ellos los conocemos bien, los queremos y visitamos periódicamente. Pero, por fuera de los reconocimientos, existe un universo entero de bares latinos que todos deberíamos conocer. Proyectos emocionantes, equipos que dejan el alma y conceptos con identidad. Compartimos diez de ellos, pero las decenas podrían seguir.
Otro Bar (San José – Costa Rica)
Otro Bar es mucho más que otro bar y, a la vez, no. El ambiente es calmo, la música justa y la iluminación precisa: todo está pensado para no distraer del verdadero protagonista, el cóctel. Sin adornos, sin artificios. Lissa Barquero, su directora creativa, es una obsesiva de la técnica y las creaciones de su equipo no admiten fallas. Pedir martinis es casi obligatorio, aunque nada decepciona. Llevan menos de un año desde su apertura y ya están haciendo -mucho- ruido en la escena global.

Jardín Tragos y Pasteles (Bogotá – Colombia)
¿Coctelería y pastelería? Sí, señor. En la capital colombiana, este bar combina dos áreas de la gastronomía que no suelen ir de la mano. Una carta de tragos, otra de pasteles y una propuesta divertida para combinarlo, con maridajes que se potencian sin empalagar. El jardín, escondido a plena vista en una suerte de speakeasy que no excluye, está siempre lleno de bogotanos y foráneos, divirtiéndose a más no poder.

Baker’s (Montevideo – Uruguay)
La escena coctelera uruguaya es aún bastante chica, pero un bar se cargó la representación del país al hombro y comenzó -con bastante éxito- a levantar el perfil. Baker’s ya tiene diez años y se consolidó como un imperdible de la gastronomía en Montevideo. Cócteles clásicos, recetas de la casa y la hospitalidad charrúa, que nunca falla.

The Garnish (Mendoza – Argentina)
Pensar en Mendoza es pensar en vino, sin lugar a dudas. Pero la ciudad ofrece una gran opción para aquellos que quieran cambiar de líquidos por una noche: The Garnish. Además de una gran barra de coctelería, ofrecen una colección de whisky emocionante, curada por Gonzalo Palacio, anfitrión de la casa. Para pedir clásicos rebuscados sin miedo, hay ingredientes y habilidad de sobra para confeccionarlos.

Kotchi (San Pablo – Brasil)
La eminencia de la coctelería argentina, Inés De Los Santos, desembarcó en Sao Paulo para abrir su primer bar en el exterior: Kotchi. La coctelería es de inspiración japonesa, con reversiones de cócteles clásicos y alguna otra originalidad de Inés; y la cocina sigue la misma línea, bajo la supervisión del chef Makoto Ukuwa.

Cielo (La Paz – Bolivia)
Los bares en altura gustan en todo el mundo, pero la capital boliviana -ya a cuatro mil metros sobre el nivel del mar- lo lleva a un nuevo nivel: en su edificio más alto se encuentra Cielo, un bar con vistas panorámicas imponentes de una ciudad tan particular. La carta se divide en categorías como amargos, alcohólicos, frescos y el singani, la bebida nacional, se cuela en recetas clásicas, otorgando identidad.

Quema que quema (Medellín – Colombia)
Medellín es una ciudad de bares: los hay muchos y muy buenos. Quema que quema (qué lindo nombre, ¿no?) es una de las últimas incorporaciones al circuito líquido y un éxito rotundo. En una casa tradicional reciclada, la salsa no cesa y la barra trabaja a la velocidad de la luz sacando clásicos. Clásicos, sí, porque la carta tiene más de cien de ellos: desde los famosos hasta los de nicho, olvidados en el tiempo. Para probar y seguir probando.

Bar La Providencia (Santiago – Chile)
La Providencia es uno de los bares más conocidos -y reconocidos- de Chile. Y con razón: llevan más de siete años de trabajo intenso, retratando a su país a través de sus brebajes. Además de casi un centenar de etiquetas de Pisco, los ingredientes chilenos se transforman en licores, jugos y cordiales, apareciendo en las recetas de la casa, otorgándoles una identidad inconfundible.

Al Fondo (Buenos Aires – Argentina)
Lo que empezó como el speakeasy de Piedra Pasillo, un muy buen restaurante porteño, tomó identidad propia con velocidad y consiguió su propio público. El equipo de Al Fondo, comandado por Santiago Migliano, crea, temporada a temporada, cartas de cócteles creativos, de sabores audaces, mucha técnica y una pizca de delirio. Las opciones de cocina están muy bien.

María Mezcal (Lima – Perú)
En el barrio de Miraflores, donde la hospitalidad peruana llega a su punto más álgido, un bar le suma un componente mexicano a su propuesta. En María Mezcal se le rinde homenaje en vida al destilado homónimo a través de cócteles, de rituales y de festejos. Para quienes aún le tienen miedo a esta espirituosa, ofrecen un muy simpático rito de iniciación; para los aficionados, una curaduría de etiquetas especiales. La música, siempre protagonista, recorre boleros, baladas y rancheras, fogoneando el canto compartido.





























