De Toronto a la selva: Sebastian Gallucci redefine el concepto farm-to-table en Seba’s, uniendo herencia italiana e ingredientes locales de Costa Rica.
La historia de Sebastian Gallucci no es la de un chef convencional, sino la de un hombre que supo escuchar el llamado del origen. Nacido en un entorno donde la cocina era el lenguaje principal de afecto, creció bajo la influencia de su padre Sammy, también chef, y las manos expertas de su nonna Gloria, encargada de los rituales dominicales de pasta casera. Aunque el destino pareció llevarlo inicialmente hacia el fútbol profesional en Texas y, más tarde, hacia el sector financiero en Toronto, la pasión por los fuegos terminó por imponerse.
Tras el éxito de «Che», el primer food truck argentino en Toronto, y su reconocido club gastronómico «AMA», Gallucci tomó una decisión que cambiaría su vida: en 2020, junto a su esposa y su hijo recién nacido, se mudó a Uvita, Costa Rica. Con cuatro maletas y un sueño, transformó una finca off-grid en un ecosistema productivo con más de 200 árboles frutales.
Hoy, al frente de Seba’s Restaurant, Gallucci ha consolidado una propuesta de cocina de producto que ha capturado la mirada del mundo. Su dedicación a la excelencia ha sido validada por los rankings más exigentes: su pizzería ha sido nombrada la mejor de Costa Rica 2024/2025 por 50 Top Pizza, mientras que a nivel global ostenta la posición N.º 94 en The Best Pizza Awards. Tal es el impacto de su propuesta que el New York Times ubicó a Uvita en el puesto N.º 4 de los 52 mejores lugares para visitar, citando la experiencia culinaria de Seba’s como un pilar fundamental de la región.
En este rincón de la Provincia de Puntarenas, Gallucci lidera una experiencia de lujo rústico que honra la estacionalidad y el comercio justo, utilizando el fuego de leña y la pesca del día para demostrar que la verdadera alta cocina nace de la tierra misma.

La filosofía de Sebastian Gallucci
¿Cómo defines los valores y la intención de tu cocina actual?
Mi cocina hoy se guía por la calidad y la intención. Me enfoco en ingredientes frescos y en el apoyo a los productores locales, porque sostener a nuestra comunidad es parte de nuestra responsabilidad. Se trata de autenticidad y conexión: honrar de dónde vienen los ingredientes y las historias que han perdurado en el tiempo. Sobre todo, mi intención es ofrecer comida real y saludable que nutra a las personas tanto física como emocionalmente.
¿Qué papel juegan la memoria y las emociones en tu propuesta gastronómica?
La memoria y la emoción están en el corazón de mi cocina. Mis recuerdos más tempranos son de mi padre cocinando cordero a fuego lento, o de mi nonna Gloria haciendo pasta los domingos, o mi abuela Jean horneando pastel de calabaza cada viernes. Esos momentos moldearon mi forma de entender la comida no solo como sustento, sino como ritual y presencia. Creo que un solo bocado puede transportarte. Cocino para crear momentos: platos que hagan sentir algo a la gente y que permanezcan con ellos mucho tiempo después de la cena.

¿Cómo equilibras la creatividad con la consistencia en un restaurante de alto nivel?
Equilibrar la creatividad con la consistencia lo es todo. La creatividad nos permite romper límites y mantener al equipo inspirado, pero la consistencia es lo que construye la confianza. Cada plato debe ejecutarse con precisión cada vez. Para mí, la creatividad vive en la inspiración constante de los ingredientes cambiantes, y la disciplina asegura que esas ideas se entreguen de manera impecable.
¿Qué es lo que más te entusiasma y qué te desafía de tu etapa en Costa Rica?
Me entusiasma liderar un restaurante que recibe a más de 100 comensales por noche manteniendo una conexión profunda con granjas y pescadores locales. El desafío viene con la estacionalidad y la geografía. Trabajar con ingredientes limitados requiere adaptabilidad constante, pero eso nos mantiene alerta. Aunque estar lejos de San José puede complicar la visibilidad, nuestra distancia es parte de nuestra identidad; nos permite ser auténticos y fieles a la naturaleza.

¿Cómo ha evolucionado tu liderazgo y el trabajo en equipo con los años?
He aprendido que el liderazgo es presencia. Soy el primero en llegar y el último en irme, no por obligación, sino por compromiso. Cuando el equipo ve ese nivel de enfoque, se construye confianza. Un restaurante no es solo un lugar de trabajo, es una empresa construida sobre un propósito compartido. Mi rol es guiar ese propósito cada día, escuchando y mejorando juntos.
¿Qué significa la responsabilidad para un chef ante los productores y comensales?
Significa liderar con conciencia. Comienza por construir una cultura sostenible que respete los ingredientes y minimice el desperdicio. Significa apoyar a las granjas locales y fortalecer la región. Nuestras decisiones impactan en el sustento de comunidades enteras. Hacia los comensales, la responsabilidad es compartir experiencias únicas creadas con cuidado e integridad, asegurando que lo que servimos refleje amor y respeto.

¿Cómo ves la escena gastronómica global y qué tendencias consideras superficiales?
Veo la escena global muy dinámica, pero no me enfoco en lo mainstream. Lo que tiene sentido para mí es cocinar con el corazón: un enfoque rústico que prioriza el producto y la emoción sobre el espectáculo. Las tendencias superficiales son aquellas impulsadas solo por la visibilidad o por lo que «se supone» que es relevante. Nosotros no cocinamos para seguir reglas; cocinamos para expresar quiénes somos.
¿Cómo manejas la visibilidad en redes sociales sin perder la autenticidad?
Yo mismo gestiono las redes de Seba’s al 100%. No hay estrategia externa ni reglas. Publicamos lo que amamos cuando lo sentimos. Es material real, crudo y honesto. Esa libertad nos ha permitido conectar con revistas y colectivos de todo el mundo. La visibilidad no ha venido por perseguir tendencias, sino por mantener nuestra identidad.

En el futuro de la gastronomía, ¿qué debería haber más y qué debería haber menos?
La gastronomía necesita más conexión real con la tierra y los productores. Más filosofía farm-to-table, más producto diario y cocina guiada por lo que la naturaleza nos da. Necesita más fuego de leña y honestidad. Y menos rigidez, menos ideas fijas sobre lo que un restaurante «debería ser» y menos productos artificiales. Para avanzar de forma saludable, la cocina debe ser más honesta y menos estructurada.




























