California se conviertió en referente de vinos espumosos. Así lo demuestra Arnaud Weyrich, enólogo de Roederer Estate en Anderson Valley.
Champagne es, en todo el mundo, sinónimo de espumante. Sin embargo, el rótulo solo puede aplicarse a aquellas etiquetas elaboradas bajo la apelación de origen homónima, el resto serán sólo vinos espumosos vinificados con el método champenoise. Así, Francia tiene sus crémants, Alemania sus sekt e Italia su Franciacorta.
También saliendo de Europa se encuentran exponentes increíbles del estilo, por todo el Nuevo Mundo vitivinícola, aunque algunas regiones se hayan ganado un respeto particular entre los aficionados de la burbuja. Entre estos, Anderson Valley, en el norte de California, es uno de los mejores ejemplos: en su pequeña extensión se elaboran espumosos de muy alta calidad.
Y es que cuando se conoce el nombre de los espumosos pioneros del Valle, todo se entiende. Se trata de Roederer Estate, el hermano americano de la famosísima maison champañera. Hablamos con su enólogo, Arnaud Weyrich, para conocer un poco más sobre la historia y características de la región.

Llegada francesa a California
¿Cómo comienza la historia de Roederer Estate?
El miembro de la familia que era el director ejecutivo de Champagne Roederer a principios de los años ‘80 era Jean-Claude Rousseau. Buscaba expandir el negocio familiar fuera de los límites de Champagne. Hay que recordar que por esas épocas en Estados Unidos se bebía mucha cerveza, mucho café, muchos refrescos y poco vino.
Pero se tenía la sensación de que la nueva generación, los veinteañeros de entonces, iban a abrirse a la alta cocina y al buen beber. Así que no había suficiente vino producido en Champagne, ni siquiera en Europa, para abastecer a los futuros consumidores estadounidenses. De allí nació la idea de establecer algo en el continente americano para producir buen vino destinado al mercado local.

Unas pocas bodegas europeas se instalaron en California en los años ‘70; una década más tarde, el proceso se aceleró. Basándose en esa lógica, Jean-Claude, sabía que era difícil expandir el negocio familiar en Champagne. Champagne es un sistema de appellation d’origine, donde no puedes simplemente decidir plantar cien hectáreas porque lo desees. De hecho, no es posible. Así que esta fue una forma de crecer.
La familia quería ser parte del auge del consumo de vino en Estados Unidos. Y para lograrlo, el Champagne francés no sería suficiente para abastecer al mercado. Por eso se decidió producir un espumante local, méthode champenoise, que siguiera la filosofía de la familia en Francia, pero en un terruño californiano.
¿Por qué, entre tantos otros lugares, eligieron Anderson Valley?
Había varias opciones en California, un estado muy largo, que se extiende desde la frontera con México hasta la frontera con Oregón. No todas las uvas que se dan allí son adecuadas para un espumante tipo Champagne: se necesita acidez, frescura. Por eso, era mejor alejarse del interior y mantenerse cerca de la costa, donde la influencia marina y la frescura del Océano Pacífico ayudan a mantener bajas las temperaturas. Eso permite producir Chardonnay y Pinot Noir con acidez, frescura y equilibrio, en lugar de uvas sobremaduras y alcohólicas.
Anderson Valley, si miras la latitud, está a la altura del sur de España, más o menos la latitud de Valencia o incluso más cerca de Portugal, al sur de Lisboa. Pero aquí, en podemos cultivar Pinot Noir y Chardonnay para elaborar blancos frescos, impulsados por la acidez, porque estamos cerca del océano.
¿Es todo Pinot Noir y Chardonnay? ¿No hay Pinot Meunier?
Tengo un poco, no puedo decir que no tengo. Es como dos acres, así que no es mucho.
¿Cómo llega Arnaud a esta historia? ¿Comenzaste trabajando en Champagne?
En realidad, no. Nací y crecí en Francia. Estudié e hice algunas pasantías allí. Vine aquí en 1993, básicamente como parte de una pasantía de posgrado de maestría. Así que mi primer trabajo real fue en California, en Roederer Estate, en los ‘90. Después volví a Francia y trabajé algunos años en otra empresa. Luego empecé a trabajar de nuevo para la familia, en Champagne.

El trabajo californiano de Roederer
¿Cuán diferente es trabajar aquí, comparando con Champagne?
Para empezar, en Anderson Valley no hay suelos calcáreos, no hay alto contenido de carbonato de calcio como en Champagne. Eso cambia el pH, el tipo de portainjertos y la absorción de nutrientes. La capacidad de retención de agua del suelo calcáreo, clave en Champagne, aquí no existe. Es más parecido a Borgoña en cuanto a suelos y portainjertos. Además, llueve mucho más, más del doble que en Champagne, pero concentrado entre noviembre y abril. Luego tenemos una estación seca, es decir, un clima mediterráneo. Por eso usamos riego, cosa que en Champagne no es necesaria.
Aquí casi no nieva y los inviernos no son tan severos como en Champagne, pero los veranos tienen variaciones día-noche más marcadas. Champagne está muy tierra adentro, lejos del océano, con un clima más continental, aunque a veces reciba cierta influencia atlántica. Todo eso hace que los vinos sean distintos. Si los pruebas lado a lado, ves un aire de familia, como dos hermanos de los mismos padres: comparten ADN, pero no son idénticos.
Cuando empezaron a vinificar en California, ¿intentaban emular el producto de Roederer en Francia o crear una nueva interpretación americana?
Es difícil hablar de una interpretación americana. Es una familia francesa instalando una bodega en California. La idea era hacer algo lo más francés posible en condiciones californianas. Si pruebas imitar, fracasas, porque el terruño y el clima imponen diferencias inevitables. En Francia, debido a la latitud más norteña (similar a Seattle), hay que esperar más tiempo para alcanzar madurez, pero aquí hay que apresurarse a vendimiar antes de que la uva se pase y termine como oporto.
En Champagne se trata de esperar lo máximo posible antes de la lluvia otoñal y el riesgo de podredumbre; aquí se trata de cosechar a tiempo antes de que el sol genere demasiado azúcar. Son dos ventanas de oportunidad muy distintas.
Hay muchos espumosos en el área, ¿fueron pioneros en el Valle?
No fuimos los primeros. La primera fue una bodega pequeña, Handley Cellars, que hizo un espumante en 1981 a pequeña escala. Pero como casa dedicada solo al espumoso en Anderson Valley, sí, fuimos los primeros.
¿Hay un gran mercado en Estados Unidos para espumosos méthode champenoise? ¿O lo eligen más los turistas europeos?
Hoy EE. UU. es el mayor mercado de exportación de Champagne, superando al Reino Unido desde hace más de diez años. Con 300 millones de habitantes, es un mercado enorme y se consume Champagne en todos los niveles de precio.
Tras la crisis de 2008, el Prosecco pasó de ser casi desconocido a un fenómeno en EE. UU. El Champagne sigue siendo fuerte, el Prosecco también, y los espumantes californianos son pequeños en volumen: menos de 10 millones de botellas, frente a 400 millones de Champagne, de los cuales unos 80 millones se venden en este país.

Veo que tienen cuvées -vino con añada- y también non-vintage. ¿Cómo funciona el sistema aquí?
En California el clima permite hacer añadas más frecuentes. En Champagne, tal vez suceda cinco de cada diez años. Aquí, solía ser ocho de cada diez. Pero desde 2015 el cambio climático y los incendios forestales han cambiado la situación. Incluso si la viña está bien, el humo puede arruinar una cosecha entera. Aun así, sigue siendo más fácil elaborar vinos de añada aquí que en Champagne.
¿Elaboran todos los estilos de Champagne, desde el más fresco y accesible hasta los más complejos?
No hago todos. No produzco un blanc de blanc 100% ni un blanc de noir 100%, pero sí estilos cercanos, además de cuvées vintage, rosé, por ejemplo.
El non-vintage es la columna vertebral, la “marca de la casa”, lo que la gente encuentra en tiendas y restaurantes a un precio más accesible. Luego las cuvées de añada y algunos vinos de viñedo único, aunque en espumantes no es un bloque específico, sino varios bloques seleccionados de Pinot Noir y Chardonnay de una zona concreta del valle.




























