Liderado por la aclamada Chef Pam, mejor chef femenina del mundo por The World 50 Best Restaurants 2025

En el vibrante y caótico pulso de Chinatown, en Bangkok, se erige un edificio que custodia más de 120 años de secretos. Lo que antaño fue una farmacia tradicional dedicada a dispensar elixires ancestrales, hoy alberga al Restaurante Potong, el epicentro de una revolución culinaria liderada por Pichaya Soontornyanakij, conocida globalmente como Chef Pam. Tras ser coronada como la Mejor Chef Femenina de Asia en 2024, su ascenso culminó en 2025 al obtener el galardón a la Mejor Chef Femenina del Mundo, marcando un hito histórico como la primera mujer asiática en recibir esta distinción en catorce años.
Entrar en Potong no es simplemente ocupar una mesa; es atravesar un umbral temporal. La restauración del edificio, un proceso meticuloso que tomó dos años y medio, ha logrado una simbiosis impecable donde los murales selváticos dialogan con el ladrillo visto y suelos que brillan con la densidad de la melaza.
La atmósfera está impregnada de un refinamiento sutil: estanterías repletas de frascos de vidrio color ámbar y jarras de kombucha rinden homenaje al espíritu de la antigua botica. En este espacio, la Chef Pam no solo alimenta el cuerpo; ejecuta una «poesía terapéutica» que utiliza la gastronomía inspirada en la historia para sanar la curiosidad del comensal.
Como una narradora que domina la sintaxis del sabor, Pam despliega en el Restaurante Potong su filosofía de los «cinco elementos»: sal, ácido, especias, textura y la reacción de Maillard. Este último punto, la caramelización técnica de las proteínas, es donde su cocina alcanza una precisión casi matemática.
El menú de degustación de 20 pasos es un tapiz donde la tradición tailandesa-cantonesa se entrelaza con la innovación audaz. Entre los platos destacados, encontramos:




Si hay un plato que define la excelencia del Restaurante Potong, es su pato. «Me tomó un año perfeccionarlo», confiesa Pam con la sonrisa de quien ha vencido al insomnio en busca de la textura absoluta. Esta preparación es una sinfonía de contrastes: una piel de un crujiente casi ilusorio que cede ante una carne de una ternura técnica impecable.
Utilizando ejemplares de menor tamaño para garantizar un equilibrio lipídico preciso, la Chef Pam presenta el ave en una «Lazy Susan» minimalista. El servicio incluye la pechuga, salchicha de pato y un audaz bocado de cerebro de pato cremoso servido directamente en el cráneo, reafirmando una ética de aprovechamiento total (no-waste) que es tanto poética como técnicamente valiente.
La experiencia líquida en Potong está a la altura de su cocina. Durante nuestra visita, el sommelier propuso un Poggio di Sotto Brunello di Montalcino 2018, cuyas notas de granada, pétalos de rosa y frambuesa aportaron un contrapunto de elegancia sedosa a la intensidad del pato.
Sin embargo, la verdadera revelación fue un Chardonnay tailandés, un testimonio del crecimiento de la viticultura local que sorprendió por su estructura y frescura. El cierre, un cubo escarchado con reminiscencias de Moscato d’Asti, funciona como un epílogo refrescante que limpia el paladar antes de la última visita obligada al Opium Bar.
El Restaurante Potong no es solo un destino; es un capítulo comunal en la narrativa de la alta cocina global. Bajo la dirección de la Chef Pam, la herencia no se hereda, se reimagina con una precisión que deja una huella indeleble tanto en el paladar como en el espíritu.
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