Sopa de cebollas

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La sopa de cebolla es un clásico de la cocina francesa y uno de sus platos más icónicos. Su sabor es delicado, dulce, suave e irresistible. La preparación es muy sencilla, y el secreto de esta receta radica en darle tiempo a la cocción de las cebollas junto con el caldo, para que sea deliciosa.
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Tiempo de preparación 1 hora
Tiempo total 45 minutos
Plato Sopas
Raciones 4 porciones
Equipamiento
4 Cazuelas induviduales aptas horno opcionales

Ingredientes
 
 

Caldo de ave:

Para la sopa:

Tomillo fresco para decorar

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Elaboración paso a paso
 

  • Para el caldo, corta de manera irregular todos los vegetales.
  • En una olla amplia, calienta el aceite y dora los trozos de pollo. Cuanto más dorados, más sabor tendrán luego. Reserva.
  • Coloca más aceite en la misma olla y agrega los vegetales. Cocina hasta que tomen algo de color.
  • Condimenta y agrega el pollo.
  • Coloca toda el agua fría y lleva a evolución. Cocina hasta que las verduras estén tiernas. Filtra y reserva.
  • Para la sopa, corta las cebollas en medias láminas finas.
  • En una olla fundir la mantequilla e incorporar las cebollas. Cocinar 30 minutos a fuego suave. Deben ir tomando una coloración oscura. Revuelve cada tanto para que no se quemen.
  • Una vez cocidas, agrega harina. Revuelve bien y cocina unos minutos.
  • Agrega el caldo, mezcla bien, condimenta y lleva nuevamente a ebullición unos 15 minutos.
  • Precalienta el horno a 200°C.
  • Corta la baguette en largas láminas y tuéstalas.
  • Una vez lista la sopa, sirve en cazuelas aptas para horno. Coloca una tostada de pan en la superficie y cubre con queso gruyere.
  • Lleva al horno hasta que gratine el queso. Sirve caliente.

Tips

Si no tienes cazuelas aptas para horno. Gratina las tostadas con el queso en el horno, y luego colócalas en la sopa como decoración.
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HISTORIA

El origen de la sopa de cebolla es antiquísimo. Algunos creen que ya en la antigua Roma sobre la mesa asomaban caldos con diversas verduras y los bulbos se utilizaban en distintas preparaciones.
A lo largo de la historia, esta delicia siempre ha sido muy apreciada. ¿Las razones? Su fácil elaboración, su capacidad de alimentar a varios comensales a muy bajo costo y claro su capacidad poderosa de quitar el frío en los duros inviernos.
En cuanto a la receta de este platillo, existe la leyenda de que el rey Luis XV, al regresar a altas horas de la noche tras una partida de caza, habría inventado esta maravilla utilizando los ingredientes que tenía a mano: cebollas, mantequilla y champagne. Es preciso convenir que algo tenía en la alacena.
Inicialmente, era un plato humilde y económico, consumido principalmente por la clase trabajadora debido a la abundancia de bulbos y la facilidad para prepararla. Existen pocas recetas que sean capaces de sacar tanto partido a un ingrediente tan humilde y básico.
Este plato ganó su fama en el siglo XIX, cuando se extendió en París la costumbre de tomar algo caliente en los pocos sitios abiertos a altas horas de la madrugada, como las tabernas y restaurantes que rodeaban las Halles de París, donde se encontraban los mercados mayoristas y donde acudía gente de todos los rincones de la ciudad.
En la segunda mitad del siglo XX, las Halles fueron derribadas, pero la tradición no sólo se mantuvo, sino que se extendió y se incorporó en las costumbres de los franceses de todo el país.
Con el tiempo, la preparación se refinó y se convirtió en un elemento fundamental de la cocina francesa, encontrándose en menús de todo tipo de restaurantes, desde los más modestos hasta los más elegantes, y su popularidad ha traspasado fronteras.
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