Recuperar el valor del tiempo en la cocina es urgente.
Siempre nos han hablado del tiempo como un recurso que debe ser ahorrado, optimizado y comprimido. La cocina no se escapó de esto por eso se le abrió el paso a la comida ultraprocesada, café para llevar, cocción en microondas, delivery en minutos.
En una sociedad obsesionada con suprimir los tiempos de espera, ¿la cocina a fuego lento como se mantiene?, ¿qué es exactamente lo que estamos sacrificando?
Hoy con un par de toques en una pantalla, una cena cruza la ciudad hasta nuestra puerta. Con una cápsula, el café de la mañana está listo en quince segundos. Sin embargo, esta victoria logística esconde una derrota cultural y sensorial.
Debemos ampliar la mirada y pensar la alimentación no solo desde la nutrición o el placer, sino también desde la cultura, los sentidos, la memoria, la ética y nuestra relación con los demás.

Tercerizando la preparación
El simple hecho de comer esta desvaneciendo su significado, el objetivo de alimentarnos conociendo el origen de los alimentos y tomándonos el tiempo para las preparaciones se está perdiendo, ya no registramos cuál es el producto de la temporada, las texturas, incluso estamos minimizando el esfuerzo humano que requiere tener un producto de la tierra a la mesa.
Todo se está reduciendo a ingerir a la velocidad de las calorías que necesitamos para seguir avanzando en nuestra jornada diaria. Esto de la inmediatez nos está convirtiendo en consumidores pasivos, despojando el significado de la comida, del compartir mientras se cocina, la belleza de la alquimia culinaria.
Depender cada día del fast food o comida lista para calentar esta transformando el conectar íntimamente con nuestros sentidos y nuestra propia memoria emotiva. No solo delegamos una tarea, desaparecen muchas decisiones y experiencias que forman parte de cocinar. También el conocimiento.
No se trata de rechazar, el delivery, la tecnología, o lo practico. En jornadas de trabajo exigente a veces es necesario, el problema es cuando la inmediatez, sumado a la pereza ya no tomamos en cuenta que una cena puede ser un tomate a la mitad con oliva y orégano con una carne (vuelta y vuelta) a la plancha.

El tiempo como ingrediente
La reducción de un caldo o el marinado que penetra lentamente en las fibras, se generan bajo leyes físicas y químicas que desprecian el reloj apresurado. El tiempo no es un obstáculo a vencer, es un ingrediente activo.
La complejidad, los matices y la identidad de un plato es un beneficio que solo la paciencia puede otorgar.
Forzar el tiempo hace que se sacrifique el sabor, por eso la industria enmascara con excesos de azúcar, sodio y potenciadores artificiales.
No todo lo valioso puede acelerarse, menos tiempo no es mejor, especialmente en la gastronomía donde los procesos no pueden acelerarse sin modificar el resultado. El valor del proceso justamente está en que sé dé lentamente.

Cocinar como un acto de paciencia
La cocina es atención plena, tocar el ingrediente, picar, oler, probar, sentir el momento presente. Preparar sentidos y sistema digestivo antes de comer el plato terminado, porque los aromas impregnan la casa, se siente cercano. En este tiempo aparentemente improductivos, hablar conecta, las conversaciones surgen y los tiempos de espera se convierten en compartir que se recuerdan para siempre, son memorias emotivas que pasan de una generación a otra.
Las recetas familiares no se trasmiten solo por las instrucciones, también son aromas, gestos, errores, costumbres que solo pueden aprenderse mirando cocinar.
No estamos queriendo que la comida lleve 5 horas. Una buena herramienta puede ayudar. Un alimento preparado o pedir delivery alguna vez puede resolver una comida en un día agotador. El problema no está en utilizar estos recursos, sino en olvidar que existe otra posibilidad. Saber cuando detenernos para no convertir la alimentación en una tarea más de la agenda saturada.
Demostremos que cocinar no es una perdida de tiempo, sino quizá la forma más honesta de recuperarlo. No necesitamos cocinar como hace 100 años, usemos la tecnología y herramientas con las que contamos y sentémonos simplemente a compartir una preparación con amigos o familias, elegir un ingrediente o a comer sin mirar el reloj. Estoy segura de que ese será un buen comienzo, una resistencia lógica de la productividad desmedida.
Recuperar el valor del tiempo en la cocina es urgente.




























