Colombia y República Dominicana: dos Caribes distintos pero similares se complementaron en la cuarta edición del Punta Cana Culinary Weekend.
El orgullo latinoamericano es una bandera que flamea en cocinas de la región. Empezó como un movimiento silencioso, encabezado por algunos valientes, pero supo apoderarse hasta de los rincones menos esperados. Los hoteles internacionales son un gran ejemplo: donde antes gobernaban cocinas del mundo, hoy la reivindicación de lo propio se busca como diferencial.
Ese es el espíritu del Culinary Weekend en el Punta Cana Resort, un evento gastronómico que invita a algunos de los chefs más importantes de nuestro continente, para mostrar -a turistas y dominicanos por igual- la grandeza de la cocina latinoamericana. Por las cocinas de Tortuga Bay, el precioso hotel diseñado por Oscar De La Renta, pasaron popes como Micha Tsumura de Maido, David Castro de Fauna, Marsia Taha de Arami, Janaina Rueda de A casa do Porco y Benjamín Nast.

En esta última edición, la cuarta desde la creación del festival, tocó un dúo de Caribes: Jaime Rodríguez y la cocina colorida de Celele, en Cartagena. “Cuando la gente oye Caribe, piensa simplemente en playas paradisíacas, palmeras, ron, pescado frito. Sin embargo, el Caribe tiene mucha más cultura y mucha más gastronomía por contar”, comenta Rodríguez. “Tener conexión entre cocineros del Caribe es una gran oportunidad para seguir comunicándolo. Creo que nosotros hemos hecho un trabajo muy importante desde el Caribe colombiano, dando el ejemplo para muchos otros países, mostrando que se puede”.
Con una noche de clima dominicano inmejorable, pasearon por la mesa algunos de los clásicos de Celele: limones de oro fermentados y rellenos de langostinos, la mítica ensalada de flores caribeñas con crema de marañón, pesca local ahumada con calducho criollo y una gallina con barbacoa de guayaba y bananos asados.

El maridaje, a cargo del sommelier de la casa Thomas Desroches, fue un atinado viaje por algunas de las mejores denominaciones europeas. Este recorrido finalizó en una copa de destilado regada por un híbrido entre ron dominicano y Jerez.
Un mar y decenas de productos en común
Sobre la similitud entre los dos Caribes, Jaime comenta que “siempre que viajamos y hacemos la ensalada, nos toca acudir a las flores del territorio: no suelen ser las nuestras y el plato no queda sorprendente. Aquí encontramos todas las que utilizamos originalmente, fue chévere. También encontramos las hojas del árbol de ciruelas para el plato de pescado o la moringa”. Pero las coincidencias no son sólo de producto, también culturales. El casabe, aquella galleta crocante de yuca, es una institución gastronómica en el Caribe colombiano y en toda la República Dominicana. Se prepara de igual manera en ambos lugares. Las varias y variadas diferencias sirvieron para inspirar mutuamente a los equipos, viendo cómo trabajan los otros con la misma materia prima.
“Viajar siempre es una oportunidad para mostrar lo que haces, invitar a la gente a tu país. Eso nos ha pasado mucho en Celele: cuando la gente escucha la historia de los platos, de los ingredientes y conoce otra cultura, dice qué bueno ir para allá”, concluye Jaime.




























