De La Rochelle al mundo, la chef francesa pasó por hoteles de lujo, restaurantes con estrellas Michelin y proyectos internacionales hasta ser distinguida como la mejor pastelera del mundo. Hoy, Nina Métayer combina artesanía, innovación y sustentabilidad en su propuesta, con un objetivo claro: emocionar a través del sabor.
Nina Métayer nació en 1988 en La Rochelle, Francia, y aunque su infancia estuvo marcada por la buena mesa, nada parecía anticipar que se convertiría en una de las pasteleras más reconocidas a nivel mundial. A los 16 años, un intercambio escolar en México despertó su deseo de dedicarse a la panadería y la pastelería, imaginando incluso abrir un local en Playa del Carmen o Tulum. Lo que siguió fue una carrera marcada por la disciplina y la creatividad: formaciones en La Rochelle y en la École Ferrandi, experiencia en palacios parisinos bajo el ala de Yannick Alléno y Jean-François Piège, desarrollo de colecciones internacionales para Café Pouchkine y, finalmente, la creación de Délicatisserie, un concepto innovador que combina excelencia y compromiso ambiental. Con apenas 35 años, ha sido nombrada dos veces “Chef Pâtissier de l’année” en Francia, Pâtissière Mondiale 2023 por la UIBC y Mejor Pastelera del Mundo 2024 por The World’s 50 Best. Para ella, la pastelería no es solo técnica ni estética: es memoria, emoción y el arte de compartir felicidad.

¿Por qué elegiste la pastelería como tu camino en la gastronomía?
Todo comenzó con mi viaje a México durante un intercambio del Rotary Club. Soñaba con volver allí a vivir y trabajar, y pensé que abrir una panadería francesa en un destino turístico podía ser un gran proyecto. Me formé como panadera, aunque no fue fácil conseguir trabajo por ser mujer. Eso me llevó a estudiar pastelería, y descubrí un universo fascinante. Así empecé, en los palacios parisinos.
¿Qué sabores de tu infancia marcaron tu paladar?
Crecí en una familia que valoraba la buena comida. Recuerdo especialmente cocinar con mi abuela paterna: las tartas de frutas saliendo del horno, la manteca de mi región, el placer de compartir un pastel en familia. También me encantaba hornear con mi mejor amiga después de la escuela. Esos recuerdos son la raíz de mi gusto.

Hoy eres una de las pasteleras más prestigiosas del mundo. ¿Cómo fueron tus comienzos?
Difíciles. No tenía la paciencia ni la precisión que exige este oficio. Venía de la panadería, un trabajo más rústico. Me costó mucho llegar al nivel que requería la hotelería de lujo, pero ese esfuerzo me dio confianza y me llevó a mi primer puesto como chef.
¿Cómo defines tu filosofía creativa?
Para mí, el sabor es esencial. El punto de partida puede ser un aroma, un paisaje, una textura, un recuerdo. Todo lo que despierta emoción se convierte en inspiración. Mi pastelería busca transmitir felicidad simple: recuerdos de infancia, momentos compartidos, pequeños instantes de alegría. Siempre con delicadeza, respeto por el producto y amor en cada creación.

¿Qué consejo le darías a un joven aprendiz?
Que no tenga miedo al fracaso, que persevere, que pruebe y vuelva a intentar. Que busque siempre la excelencia, pero también que ame la vida y a las personas. Al final, lo más importante es el sabor, porque es lo que transmite emoción.
Compartes mucho conocimiento a través de libros y redes sociales. ¿Qué te motiva de esa faceta?
Me interesa llegar a todos: profesionales y aficionados. Por eso comparto recetas accesibles en masterclasses, demostraciones o videos cortos. Y lo hago también en casa con mis hijas pequeñas. Cocinar con niños es una forma de transmitir pasión desde temprano.

¿Qué piensas sobre las tendencias en pastelería?
No me guío por tendencias. Cada pastelero crea a partir de su universo y tradición. Yo busco emociones, no sensacionalismo. Uso técnicas como la impresión 3D para moldes personalizados, pero siempre con coherencia entre forma y sabor.
¿Cómo integras las redes sociales en tu trabajo?
No me considero “influencer”, sino pastelera. Las redes son un medio para compartir mi mundo con muchas personas, interactuar y transmitir recetas e ideas. Es una oportunidad para inspirar y acercar la pastelería a todos.

Tu compromiso con la sustentabilidad es muy visible. ¿Cómo lo llevas al día a día?
El origen de los productos es clave. Busco materias primas locales, respetar la estacionalidad, conocer a los productores y asegurar condiciones justas. Uso menos azúcares refinados, aprovecho cáscaras para almíbares… pequeños gestos que suman coherencia y responsabilidad.
Después de tantos premios, ¿qué sigue?
Seguir haciendo buenos pasteles con delicadeza, pasión y amor. Y continuar desarrollando proyectos en Francia y en el mundo, siempre paso a paso, respetando nuestros valores y disfrutando de compartir la felicidad de lo dulce.




























