En Estocolmo, su restaurante Ekstedt revolucionó la escena gastronómica al prescindir de gas, electricidad y tecnología para cocinar únicamente con fuego. A más de una década de su apertura, el chef sueco fue reconocido en 2024 por The Best Chef Awards como “World Class” y se ha consolidado como un referente internacional de la cocina escandinava.
Niklas Ekstedt creció en Järpen, una pequeña aldea en la región de Jämtland, al norte de Suecia. Allí, entre bosques espesos, lagos helados y el silencio de la naturaleza, pasó largas temporadas al aire libre explorando el entorno salvaje. Más tarde, en el archipiélago de Estocolmo, su fascinación se centró en los árboles, especialmente en los abedules, cuya madera terminaría siendo esencial en la cocina que marcaría su destino. Ese vínculo profundo con la naturaleza lo llevó a investigar técnicas olvidadas, sumergirse en antiguos recetarios del siglo XVIII y recuperar un modo de cocinar que parecía condenado al olvido: la era previa a la electricidad.
En noviembre de 2011 decidió dar un paso audaz y abrir en la capital sueca un restaurante que rompía con todo lo establecido. Ekstedt nació como un manifiesto culinario: ni gas, ni electricidad, ni artilugios modernos. Solo fuego real, controlado con paciencia y precisión para transformar ingredientes de temporada en platos sofisticados que evocan la memoria del territorio. Dos años después, la guía Michelin reconoció esa osadía con una estrella, y el público internacional comenzó a mirar hacia Estocolmo para descubrir esta propuesta única.
Más de una década después, el restaurante sigue evolucionando con el ritmo de las estaciones y mantiene intacta la esencia de su creador: un chef que entiende el fuego como un lenguaje universal y que ha sabido devolver a la mesa la emoción primitiva de lo ancestral. Con décadas de presencia en televisión y una trayectoria que lo convirtió en nombre familiar en Suecia, Niklas Ekstedt es hoy sinónimo de innovación, tradición y pasión por rescatar las raíces de la cocina nórdica.

Cuéntanos sobre tu trayectoria. ¿Qué aprendizajes internacionales trajiste a tu cocina?
Mi camino no está marcado tanto por influencias externas, sino por un deseo de profundizar en mis propias raíces. He viajado, claro, pero decidí mirar hacia atrás, investigar cómo cocinábamos hace dos o tres siglos en Suecia. Excluyo la electricidad y el gas, y reduzco todo a lo esencial: fuego, hierro, madera. Busco autenticidad, más que innovación importada.
¿Cuál ha sido tu mayor desafío?
Conciliar la vida familiar con la profesional. Durante mucho tiempo se decía que no era posible tener una familia y un restaurante. Yo decidí demostrar lo contrario. Trabajo muchas horas, pero tengo una esposa feliz, dos hijos maravillosos y un negocio sólido. Mantener ese equilibrio, aunque complejo, es lo más desafiante y a la vez lo más gratificante de mi carrera.

¿Puedes hablar sobre algún aspecto positivo que encuentres en la gastronomía actualmente?
Uno de los grandes valores de la gastronomía es que, en un mundo tan cambiante y turbulento, sigue siendo un punto de encuentro estable. La cocina genera diálogo, felicidad y una sensación de comunidad. Cuando digo que soy chef, siempre encuentro una sonrisa del otro lado.
¿Cuáles son los aspectos negativos que ves hoy en la gastronomía?
El mayor reto es la sostenibilidad. Ingredientes que antes abundaban hoy escasean y se encarecen. El mar Báltico, por ejemplo, está prácticamente muerto. Es una realidad que compartimos varios países nórdicos. Eso nos obliga a buscar otras fuentes, sin perder la conexión con nuestras tradiciones. El futuro es incierto y necesitamos planificar más como comunidad global.

Como chef y líder, ¿cómo apoyas a tu equipo? ¿Y cómo trabajas con técnicas antiguas en tu cocina?
Suecia ofrece muchos beneficios laborales que mis empleados extranjeros a veces desconocen. Mi rol es ayudarlos a comprenderlos, lo que fortalece al equipo y hace que quieran quedarse. En lo técnico, me dedico a rescatar métodos ancestrales olvidados. En lugar de perseguir equipos modernos, observo cómo se cocinaba con recursos mínimos. Mi cocina actual es contemporánea en los sabores, pero sustentada en técnicas que tienen siglos de historia.
Si pudieras enviar un mensaje a la audiencia sobre la gastronomía, ¿cuál sería?
Vivimos obsesionados con progresar y cambiar, pero también es valioso conservar. No siempre se trata de reinventar, sino de perfeccionar lo que ya funciona. A veces debemos desacelerar, valorar lo que tenemos y hacerlo un poco mejor.




























