Dos amigos unieron fuerzas y crearon un restaurante muy propio en el barrio porteño del momento. Cocina honesta, sabrosa, sin pretensiones innecesarias.
La gastronomía bonaerense tuvo sus altos y sus bajos durante el 2025. Mientras algunos proyectos bajaron la persiana, otros lograron consolidarse con una claridad de identidad que no abunda. Mambo pertenece a ese segundo grupo: un restaurante que no busca “estar de moda”. En cambio, busca construir una personalidad propia, reconocible y consistente.

El proyecto de Santiago Pérez (ex Casa Cavia, Orilla, Las Flores) y Calvin Daniele encontró su forma definitiva cuando dieron con un enorme galpón reciclado de Villa Crespo. Era una estructura que supo ser taller textil y depósito de autos antiguos. Donde otros veían un espacio difícil, ellos imaginaron un restaurante que no ocultara su pasado industrial. En lugar de eso, lo integraron como parte de su identidad. Techos altísimos, estructura expuesta, hormigón, acero y una cocina completamente abierta convierten al salón en una suerte de escenario. Aquí, el fuego y la técnica quedan siempre a la vista.
Santiago creció en Lobos, provincia de Buenos Aires, entre fogones, chacinados y faenas. No sorprende entonces que el fuego sea protagonista. Brasa, leña y ahumados atraviesan la carta y definen el carácter de la cocina. Pero Mambo no es una parrilla. Es una cocina inquieta, de capas de sabor, con guiños a distintas tradiciones y una mirada contemporánea sobre el producto argentino.

La propuesta gastronómica de Mambo
La carta se mueve con soltura entre platos pequeños y principales contundentes. Aparecen clásicos de la nueva cocina porteña —ricota casera, espárragos de estación, tartare de pesca— junto a combinaciones menos previsibles. Por ejemplo, albóndigas de ave con sabayón y yema curada, salchichas artesanales, verduras trabajadas en múltiples técnicas o reinterpretaciones libres de platos conocidos. El pollo con arroz es una versión especiada, crocante y profundamente sabrosa del clásico arroz con pollo, se volvió uno de los favoritos de la casa. Las carnes conviven con vegetales que no funcionan como guarnición. En cambio, son protagonistas. No falta el pescado de río, guiño personal del chef a su infancia.
Al mediodía, Mambo baja un cambio sin perder personalidad: pastas artesanales, proteínas a la parrilla, papas fritas y ensaladas frescas componen un menú más descontracturado, ideal para quienes buscan buena cocina sin solemnidad.

El capítulo dulce tampoco pasa desapercibido. Hay postres pensados con la misma lógica que el resto del menú: golosos, creativos, con técnica y una vuelta de tuerca que los aleja de lo obvio. Tartas tibias, helados caseros y versiones lúdicas de clásicos completan la experiencia.
El servicio está a cargo de Lucas Rothschild, sommelier y bartender, quien armó una selección de vinos tan dinámica como la cocina: etiquetas de distintas regiones, estilos y precios, junto a una carta de cócteles breve pero sólida, pensada para acompañar la comida sin robarle protagonismo.
MAMBO
- Malabia 820, Villa Crespo – CABA
Martes a sábados de 19 a 00 h
Miércoles a domingos de 11.30 a 15 h




























