Enamorarse de Galapagos y cambiar su estilo de vida
Recuerda Luciana que, al poco tiempo de iniciar el proceso de la fundación, recibieron un mensaje del Ministerio del Medio Ambiente diciendo que Galapagos Foundation estaba aprobada en un tiempo récord de ocho meses por la relevancia de su propuesta en Galápagos.
Entonces abrieron MUYU, un restaurante y bar que funciona como una incubadora y aceleradora de proyectos gastronómicos educativos y sostenibles y que les permite a los participantes hacer un programa de dos años de formación y prácticas pagadas. “Básicamente es un restaurante y bar que capacita a jóvenes y mujeres para convertirse en los primeros profesionales ecosostenibles de las islas”, sintetiza.
En ese camino, comenzaron a conseguir los insumos, incluso pagando por adelantado a aquellos campesinos que no querían plantar alimentos para restaurantes. Tuvieron que solucionar cuestiones de logística, como bajar los productos de la parte alta de la isla sin tener vehículos: “Los retos aquí son retos titánicos. Nos quedamos como una fuerza de resistencia por nuestro amor a Galápagos, pero sin contar con el apoyo de los locales que no tienen interés en lo que hacemos. Y llegó un punto que dijimos, si nosotros no logramos eso, nadie lo va a lograr”.
Con una mirada retrospectiva, Bianchi está convencida de que las islas se merecían y aún se merecen esos esfuerzos: “Galápagos es un lugar donde los animales no tienen miedo de los humanos. Ellos tienen claro (¡y nosotros también!) que son los primeros residentes de esta tierra y que nosotros llegamos después. En San Cristóbal he aprendido que para ser un mejor ser humano debemos animalizarnos en lugar de humanizarnos”.
Luego describe: “El respeto por la naturaleza aquí tiene otra dimensión. El parque nacional establece reglas muy fuertes para proteger este paraíso. Nadar en el mar con tiburones, con leones marinos, con iguanas marinas, con mantarrayas y ellos te ignoran completamente como si fueras otro animal acuático. Eso no existe en ningún lugar del planeta. Aquí no puedes comportarte como un predador”.
Entonces cuenta una costumbre que tomó desde hace un tiempo y que le cambió la vida: “Yo nado por la mañana con tortugas que son de mi tamaño, cosas que lógicamente no puedes vivir en ningún lugar. Es un ecosistema muy frágil, muy inocente que necesita de respeto, confianza, protección y apoyo. Y nosotros intentamos con nuestro trabajo, a través de la gastronomía hacer eso”.
Desde 2017 Bianchi y Mejía son socios en todos los proyectos educacionales y de alimentos y bebidas, que hoy involucran 85 personas entre MUYU restaurante y bar, dos panaderías, un café y una pizzería ecológica. Adicionalmente cuentan con una área de desarrollo con laboratorio, biblioteca, huertos urbanos y una finca.
En 2020 se asociaron en el hotel Golden Bay también: “Probablemente soy la única persona loca del planeta que se hizo socia de un hotel sin clientes que se estaba hundiendo como el Titanic en la época de la pandemia. Pero decidimos juntos poner todas nuestras cartas para salvar los empleos y todo lo que habíamos construido con MUYU y la fundación, donde el hotel era el corazón de todo”.