La buena comida, como el buen sexo, es un placer para el cuerpo y el espíritu. ¿Pero qué pasa cuando el placer es llevado al extremo del paroxismo y atraviesa las puertas del exceso hasta el delirio? ¿Qué pasa cuando la gula alcanza límites insospechados hasta atravesarla y seguir más allá? Pasar estos límites hasta las últimas consecuencias parece ser la premisa de La grande bouffe, película franco-italiana que en 1973 dirigió Marco Ferreri con un elenco de lujo: Marcello Mastroianni, Philippe Noiret, Michel Piccoli y Ugo Tonazzi.
La acción transcurre en una casa señorial alejada de todo, en donde cuatro amigos deciden celebrar una gran bacanal de fin de semana con platos que prepara uno de ellos especialmente. Desfilan por la mesa todo tipo de preparaciones en proporciones monstruosas. Son platos elegantes, sofisticados, a los que los comensales abordan de modo desmesurado y voraz hasta provocar en el espectador una suerte de hartazgo que llega a ser insoportable de mirar.
El dream team de la gula
Ugo Tognazzi (aquí Ugo, porque los 4 usan aquí sus verdaderos nombres) interpreta al chef en cuestión, que no para de cocinar a gran escala platos de diversa índole, con todo tipo de ingredientes. Es fascinante la escena donde reciben lo que luego comerán. Esa celebración desbordada en torno a los animales muertos parece ser un atisbo y sólo el principio de todo lo que vendrá después.
Marcello Mastroianni es un piloto de avión, adicto al sexo, que invita a 3 prostitutas a la gran saturnal que celebrará con sus amigos. Nada le es suficiente. “Cuerpo de mujer, vanidad”, declama uno de ellos en medio de la celebración. Las mujeres, los autos y la comida son las debilidades de Marcello. Él busca permanentemente la combinación de todas ellas en un mismo tiempo y espacio y en cantidades sobrehumanas. Son ellas, las prostitutas, las que deciden abandonar la partida antes de que todo llegue al desborde absoluto. “Ustedes están locos. No se puede comer hasta morir”, dice una de ellas sentada a la mesa.
Michel Piccoli es un empresario de televisión que acompaña la fiesta entregándose a los excesos pero cuyo débil cuerpo da señales tempranas de hartazgo cuando se descompone con cólicos y gases, lo que constituye uno de los gags más desopilantes de esta excesiva comedia. Sutil y veladamente homosexual, Michel parece por momentos padecer más que disfrutar la fiesta de sus amigos.
Y Philippe Noiret es un juez, un hombre de leyes con una particular tendencia a la elección de mujeres grandes y robustas, producto del abandono temprano de su madre. Es un personaje desprotegido y en apariencia frágil, que se enamora de la cuarta mujer a la que invitan espontáneamente: una cándida maestra de primaria que terminará superando en salvajismo a los cuatro hombres.
La comedia desmesurada
“La vanidad es epifenoménica”, dice Michel tomado por la euforia del exceso. “Vanidad de vanidades”, repite. La vanidad en La grande bouffe se manifiesta y viene asociada a todo aquello que provoca placer pero que en su ostentación, derroche y desmesura se torna tortuoso. Todo esto en tono de comedia, una comedia bien italiana donde las situaciones llevadas al límite provocan el delirio y el efecto cómico se desprende justamente de esa desmesura.
Así como desfilan todo tipo de platos por la mesa de los comensales, desfilan por la película todo tipo de consecuencias escatológicas provocadas en el cuerpo: gases, vómitos y hasta un inodoro estallado de excremento. Porque cuando se desbordan las situaciones, Marco Ferreri elige seguir desbordándolas. No hay aquí tibieza ni delicadeza en las acciones de los personajes ni en sus consecuencias, lo que contrasta con el ambiente y los vestuarios lujosos en los que se mueven.
En La grande bouffe todo es desparpajo, derroche y locura. Nada queda a medias tintas. La decadencia, la obscenidad y la vulgaridad quedan expuestas en una sátira social aguda y delirante. Claro que no es una película apta para personas impresionables, y seguramente quien la vea no tendrá ganas de comer por un buen rato, pero es una perfecta clase de comedia. Desde el riesgo de contar una historia excesiva hasta las actuaciones impecables que no le temen al ridículo (y lo atraviesan, y redoblan la apuesta), todo en La grande bouffe está puesto en su justa y desbordada medida para que la comedia funcione.
La grande bouffe (La gran comilona)
País: Francia/ Italia
Año: 1973
Duración: 125 minutos
Dirección: Marco Ferreri
Elenco principal: Marcello Mastroianni (Marcelo), Ugo Tonazzi (Ugo), Michel Piccoli (Michel), Philippe Noiret (Philippe), Andrea Ferréol (Andrea)
Género: Comedia
Productora: Mara Films, Les Films 66, Capitolana Films
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