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Retrato de la chef canadiense Jessica Rosval.

Jessica Rosval: la chef canadiense que redefine la cocina italiana desde Módena

De Canadá a Módena, Jessica Rosval construyó una cocina libre, social y profundamente humana, donde la tradición dialoga con el fuego, el territorio y el cambio.

Jessica Rosval: la chef canadiense que redefine la cocina italiana desde Módena

Retrato de la chef canadiense Jessica Rosval.

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De Canadá a Módena, Jessica Rosval construyó una cocina libre, social y profundamente humana, donde la tradición dialoga con el fuego, el territorio y el cambio.

Hay chefs que perfeccionan una técnica y otros que, además, construyen una visión. Jessica Rosval pertenece a este segundo grupo: cocineros que entienden la gastronomía como un lenguaje capaz de narrar historias, crear comunidad y transformar realidades. Nacida en Montreal, su vínculo con la cocina comenzó temprano, a los quince años, y desde entonces no se detuvo. Tras formarse y trabajar en Canadá, su carrera dio un giro decisivo en 2013, cuando decidió dejar su país para empezar de cero en Italia.

Ese salto —tan intuitivo como arriesgado— la llevó a integrarse a la brigada de Osteria Francescana, donde comenzó como chef de partie y terminó convirtiéndose en una de las figuras clave del universo creativo liderado por Massimo Bottura y Lara Gilmore. Con el paso de los años, Rosval asumió nuevos desafíos: la gestión de eventos internacionales, la jefatura de cocina de Casa Maria Luigia y la creación de experiencias gastronómicas que rompieron con las normas del lujo tradicional.

En paralelo, su compromiso social tomó forma concreta con Roots, un proyecto que forma a mujeres migrantes en situación vulnerable y las inserta profesionalmente en cocinas de la región. En 2023, ese recorrido confluyó en Al Gatto Verde, un restaurante donde el fuego, la memoria y la sostenibilidad se convierten en manifiesto. Reconocida por Michelin, Identità Golose y The World’s 50 Best, Rosval no habla de éxito en términos de competencia, sino de libertad: la de volver a empezar, una y otra vez, con curiosidad intacta

Equipo completo detrás de Al Gatto Verde

Un recorrido que inspira a seguir creyendo

Naciste en Canadá y hoy eres una de las chefs más destacadas de Italia. ¿Cómo fue ese viaje personal y profesional hasta llegar a Casa Maria Luigia?

Es una pregunta enorme, porque ese viaje no fue solo geográfico, sino profundamente personal. Venir a Italia fue una decisión bastante espontánea. Había vivido y trabajado en Canadá durante muchos años y, aunque tenía una carrera sólida, nunca había salido realmente del universo que conocía tan bien: la cultura canadiense, el territorio, las referencias de siempre. Cuando apareció la posibilidad de probar algo distinto, de explorar otro país y otra forma de vivir, sentí una atracción muy fuerte.

Al principio fue aterrador. Hacer las maletas todas tus cosas, dejar atrás a tu familia y a tus amigos, mudarte a un apartamento pequeño en una ciudad en la que nunca estuviste… todo eso da miedo. Pero hay algo muy poderoso en volver a empezar. En estar al inicio de algo y permitirte no saber, olvidar certezas, abrirte a nuevas ideas, culturas y exploraciones. Ese momento marcó un antes y un después en mi vida: fue la primera vez que entendí que tenía el valor de empezar de nuevo. Y desde entonces, es algo que quiero seguir haciendo, de muchas maneras distintas, a lo largo de mi vida.

Plato del menú de Al Gatto Verde por Jessica Rosval.

¿Qué significó encontrarte con Massimo Bottura y Lara Gilmore y formar parte de ese universo creativo en Módena?

Cuando llegué a Italia, y particularmente a Módena, no tenía un plan definido. Estaba completamente abierta a dejarme llevar. Pensaba viajar por el país, conocer productores, descubrir ingredientes, vivir experiencias distintas. No tenía una hoja de ruta clara.

Apenas siete días después de llegar, reservé una mesa como clienta en Osteria Francescana. El menú que servía Massimo en ese momento se llamaba Vieni in Italia con me, y durante doce platos sentí que estaba recorriendo el país entero. No era solo comida: era historia, territorio, poesía, música, identidad. Ahí entendí algo fundamental: el poder que tiene la comida para contar historias.

Massimo tenía la capacidad de tomar ideas inmensas y condensarlas en dos o tres bocados. Yo ya llevaba diez años cocinando, pero en ese momento supe que quería aprender a hacer eso. Así que reuní coraje y le pedí una oportunidad. Le dije que podía hacer cualquier cosa: lavar platos, pelar patatas, lo que hiciera falta. Sabía que era mi única oportunidad de preguntar. Él apostó por mí y me invitó a hacer una prueba en la cocina.

Eso fue hace doce años. Desde entonces, formar parte de la familia Francescana, ver su crecimiento desde adentro y acompañar ese proceso ha sido una aventura enorme. Es algo muy grande, y me siento profundamente orgullosa de ser parte.

Decoración del salón de Al Gatto Verde.

¿Qué lugar ocupa tu herencia canadiense en la cocina que hacés hoy en Italia?

Mi herencia canadiense fue clave en mis primeros años formativos. Crecí profesionalmente en Montreal, una ciudad muy influenciada por la cocina francesa, y eso dejó una marca técnica muy fuerte en mí. Pero no creo que mi cocina actual pueda definirse solo por ese origen.

Con el tiempo fui recolectando fragmentos de cada etapa de mi vida. Después de Montreal, me fui a trabajar a Whistler, en la costa oeste de Canadá, donde viví una experiencia totalmente distinta: una cocina muy conectada con el territorio, con productos del noroeste del Pacífico y una mirada farm to table que me abrió la cabeza. De allí incorporé otra influencia.

Luego llegó Italia, Francescana, los viajes por el mundo y, más adelante, Roots, el proyecto donde cocinamos junto a mujeres migrantes. Los menús que hacemos ahí están inspirados en los orígenes de cada una de ellas, así que con cada receta nueva aprendo algo distinto y lo guardo también.

Hoy siento que mi cocina es eso: entrar a Gatto Verde, vaciar todos esos bolsillos llenos de recuerdos y reconstruirlos en un plato. Creo que eso es lo que vuelve única a la cocina de cada chef: las piezas de vida que fue coleccionando y la historia personal que decide contar a través de la comida.

Platos del menú de Al Gatto Verde por Jessica Rosval.

¿Qué significó crear Casa Maria Luigia y cómo fue ese proceso?

Casa Maria Luigia se construyó con una energía muy especial. Éramos personas del mundo de los restaurantes mudándonos al campo para abrir un hotel por primera vez, y sabíamos que estábamos asumiendo un riesgo grande. Desde el primer momento, junto a Massimo y Lara, tuvimos claro que queríamos hacer algo distinto.

Queríamos crear un lugar que se sintiera como una casa, no como un hotel tradicional. Algo familiar, cómodo, accesible, donde se rompieran muchas de las reglas asociadas al lujo: los protocolos rígidos, las formalidades innecesarias, las estructuras cerradas. Eliminamos muchas “obligaciones” clásicas de la hotelería para generar una experiencia más humana.

Que Michelin nos haya reconocido con las tres llaves en el primer año, y que hayamos logrado mantenerlas, fue una confirmación muy fuerte. No solo por el reconocimiento en sí, sino porque validó una manera diferente de pensar la hospitalidad. Lo mismo ocurrió con Francescana at Casa Maria Luigia y con Gatto Verde: romper reglas y, aun así, ser reconocidos por hacerlo es profundamente motivador. Es como si alguien dijera: “Nosotros también podemos pensar distinto”. Y eso nos encanta.

Equipo detrás de Al Gatto Verde

¿Por qué decís que Casa Maria Luigia es una experiencia que no podría existir en otro lugar?

Porque todo lo que la rodea es irrepetible. Esto solo puede existir en Módena, en el campo, rodeado de tierras agrícolas humildes, con Osteria Francescana a pocos kilómetros y, al mismo tiempo, con algunos de los fabricantes de autos más innovadores del mundo a la vuelta de la esquina. Esa convivencia entre velocidad, tradición, ingeniería extrema y productos como el Parmigiano Reggiano envejecido durante años es única.

Casa Maria Luigia nace de esos contrastes y de una comunidad muy específica. Las personas que viven y trabajan aquí, los productores, los artesanos, todos forman parte del proyecto. No podría trasladarse a otro lugar sin perder su sentido. Es profundamente territorial.

Si tuvieras que definir tu cocina con una sola palabra, ¿cuál sería?

Libertad. Para mí, la cocina es libertad. Es un espacio donde todavía no está todo definido, donde no hay restricciones cerradas, y por eso podemos hacer cualquier cosa. Esa sensación de no estar atrapados en una definición es lo que nos permite seguir creando.

  • Soledad Venesio

    Licenciada en Ciencias de la Comunicación y docente (UBA). Fan absoluta del mundo de la cultura, para ella una buena serie de televisión y un excelete plato de comida son su maridaje soñado.

  • Pablo Dagnino Pinasco

    Soy un productor de contenido especializado en gastronomía. Cada viaje por el mundo es para mí una oportunidad para conocer y entrevistar a nuevos chefs, descubrir restaurantes y explorar la gastronomía local. También creo recetas y trabajo en la producción de contenido culinario, combinando mi pasión por la cocina con mi experiencia en la producción audiovisual.

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