Chefs de distintas partes del mundo cocinan comparten ideas y, sobre todo, disfrutan del placer de crear sin límites.

Casa Maria Luigia celebro una nueva edición de Identità di Fuoco, el encuentro que se da cada año para mostrar la cocina como un arte vivo.
Ideado por Massimo Bottura y Lara Gilmore, en colaboración con Identità Golose, este evento nació para volver a las raíces de la cocina, rendir homenaje al fuego como punto de partida de toda emoción.
Es una extensión natural del proyecto Francescana Family. Su propósito va mas allá de cocinar, su foco radica en reconectar con lo esencial: el fuego como símbolo de comunidad, transformación y diálogo.
Jessica Rosval, jefa de cocina de Al Gatto Verde y una de las figuras más importantes del universo Francescana fue la chef anfitriona. Rosval, junto a chefs de distintas partes del mundo cocinaron compartieron ideas y, disfrutaron del placer de crear sin límites. Redescubrieron el oficio, y los comensales experimentan algo mas que una comida: fue una celebración del alma de la gastronomía.

A través del fuego crean una metáfora de la filosofía que los une. Con espíritu de hospitalidad y experimentación, Casa Maria Luigia, nació para compartir experiencias más allá de las mesas de Osteria Francescana.
Es un lugar, un momento de arte, música, naturaleza y gastronomía en armonía.
Identità di Fuoco es una expresión de convivencia: un lugar donde chefs, sommeliers, artistas y productores se reúnen para conectar ideas y abrazar amistades.
Bajo el lema “Let’s Play with Fire!”, el evento reunió durante dos días — 5 y 6 de octubre— a chefs, sommeliers y artistas culinarios de renombre internacional en experiencias que fusionaron cocina, música y creatividad.
El domingo 5 de octubre comenzó con un aperitivo en Al Gatto Verde, acompañado por Pizza & Dom Pérignon, con los talentos de Michele Di Già y Luca Pezzetta, seguido por una cena a cargo de Jessica Rosval, Yoshihiro Narisawa, Jorge Vallejo y Moreno Cedroni, un menú lleno de culturas y filosofías culinarias.
El lunes 6 de octubre, el mediodía trajo una sorpresa: un Unexpected Jazz Session Lunch en Casa Maria Luigia con Beppe Palmieri y Luca Gardini, donde la música y la gastronomía se unieron de forma espontánea. Por la tarde, el aperitivo en Al Gatto Verde con Alessandro Santilli y Pier Daniele Seu, y la noche culmino con una cena protagonizada por Jessica Rosval, Prateek Sadhu, Antonia Klugmann y Antonio Ziantoni.
El final fue una fiesta en el jardín, donde los chefs Quique Dacosta, Doina Paulesco, Diego Vitagliano y Jacopo Mercuro encendieron la noche.
Cada uno de los chefs invitados interpretó el fuego a su manera: memoria, desafío, Utopia.




Estar en Identità di Fuoco fue una experiencia extraordinaria. El entorno es mágico en Casa Maria Luigia, cada instante se sintió como una celebración de amistad y pasión por cocinar.
Todos los platos estuvieron increíblemente bien —cada chef dejó su sello, su historia y su emoción en cada preparación.
Hubo dos momentos que me marcaron:
El primero fue el tamal de Jorge Vallejo: una crema de maíz blanco, sutilmente dulce, con una textura perfecta sobre una hoja de plátano. Fue imposible no emocionarse. Era un bocado profundamente latino, lleno de raíces, memoria y alma. Se sintió como un abrazo.
El segundo momento fue casi cinematográfico. Quique Dacosta estaba preparando sus paellas con esa energía desbordante, y de repente aparece Massimo Bottura, desaforado, con una trufa en la mano. Empieza a rallar sin parar, generosamente, hasta que todo se volvió un perfume irresistible. No lo podía creer. Fue una locura. Una deliciosa locura.
También me impresionó el menú de Jessica Rosval. Más allá de que nos cruzamos a menudo en distintos eventos, esta vez me tocó probar su cocina en su propia casa, y fue realmente especial. Su carisma se siente en el plato: equilibrio, emoción y elegancia en cada bocado.
Todos los chefs estuvieron brillantes. Cada uno aportó su fuego, su identidad y su historia.
Puedo decir que Identità di Fuoco es una experiencia que te recuerda por qué amamos tanto este mundo, y es que cocinar sigue siendo la forma más hermosa de compartir lo que somos.