En una charla íntima, el reconocido pastelero italiano compartió su visión de la pastelería contemporánea. Habló de formación, creatividad, ingredientes y del rol esencial de los equipos de trabajo. “Una buena receta no tiene secretos”, afirmó.
«Fusto Milano no nació de la noche a la mañana. Fue el resultado de casi 30 años de experiencia y más de una década de reflexión junto a Linda Massignan», nos cuenta el chef pastelero y agrega: «No queríamos crear una simple pastelería, sino un lugar secreto. Un espacio donde quien entra lo hace por deseo, por curiosidad, por pasión. No hay vitrinas a la calle ni un acceso evidente. Para llegar, primero hay que atravesar un jardín y encontrar una discreta puerta de madera. Solo entonces empieza la experiencia».
«Dentro, todo está pensado para compartir nuestra visión: un laboratorio que también es boutique, donde los visitantes pueden ver cómo trabajamos, cómo tratamos los ingredientes con respeto y dedicación, cómo entendemos la hospitalidad como una forma de hacerte sentir en casa, más allá de venderte un pastel», nos describe Gianluca y suma: » El corazón del lugar es la Vetrina Colonna, una vitrina cilíndrica de alta tecnología diseñada con IFI, que permite rodear el postre y observarlo en 360 grados. Es más que refrigeración: es una pieza de diseño, una obra funcional que eleva cada creación. Porque creemos que si alguien compra un pastel para compartir con quienes ama, ese producto debe ser perfecto. En Fusto Milano, todo se hace con ese objetivo: ofrecer emoción, belleza y sabor en su máxima expresión«.






























