Cofundadora de Na:eun Hospitality junto a su esposo, el chef Junghyun “JP” Park, Ellia Park ha convertido a Atomix y Atoboy en referentes mundiales de la gastronomía coreana contemporánea. Su mirada va más allá de la cocina: busca transformar la experiencia del comensal en un acto de comunidad y diálogo cultural.
Ellia Jeongeun Park nació y creció en Seúl, Corea del Sur, donde su infancia estuvo marcada por los aromas y sabores del hogar: arroz recién cocido, sopas, pescado asado y múltiples banchan preparados por su madre y abuela. Desde joven entendió la comida como un vehículo de cultura, cariño y memoria, lo que la llevó a estudiar ciencias culinarias para profundizar en los aspectos técnicos y emocionales de la gastronomía.
Tras casarse con el chef Junghyun “JP” Park, se mudó a Nueva York, ciudad en la que ambos fundaron Na:eun Hospitality, grupo que gestiona varios restaurantes: Atoboy, una de las aperturas más influyentes de la última década; Atomix, que figura entre los mejores restaurantes de degustación del mundo; y más recientemente Naro y Seoul Salon. Aunque JP lidera la cocina, Ellia es la responsable de diseñar la filosofía de hospitalidad y la narrativa cultural que da sentido a cada espacio. Su visión convierte al comensal en parte de una comunidad y a la experiencia gastronómica en una puerta de entrada a la identidad coreana.

¿Cómo han influido las experiencias internacionales en tu visión de la cocina coreana contemporánea?
Aprender de otros chefs y restaurantes de diferentes culturas nos hace crecer, ampliar nuestra perspectiva y ofrecer un mejor servicio y experiencia. Las colaboraciones no se tratan solo del evento en sí, sino de aprender de otros para hacer mejores restaurantes, mejor cocina y mejor cultura.
¿Qué consejo darías a quienes buscan innovar sin perder de vista sus raíces?
Creo que estamos viviendo un momento dorado para la cocina coreana a nivel global. Cada vez más gente conoce nuestra cultura a través de restaurantes como los nuestros. No hay una respuesta única sobre su futuro, pero nuestra misión es seguir mostrando y dialogando sobre ella, a través de nuestros platos y de nuestro servicio.

¿Qué tan difícil es hacer especial la experiencia en un lugar como Nueva York?
Para mí, la interacción con el comensal no se reduce a la técnica o al servicio soigné. Se trata de escuchar y comunicarnos bien. La cocina coreana aún no es tan conocida como la francesa o la japonesa, por eso necesitamos explicar, educar y compartir. Nuestros clientes no son solo quienes pagan por un plato: se convierten en amigos y familia. Así hemos construido una comunidad alrededor de nuestra propuesta.
¿Cómo fue tu acercamiento al mundo culinario?
JP y yo somos amigos de la universidad, donde estudiamos ciencia culinaria. Él siempre fue brillante cocinando y yo siempre tuve la habilidad de conectar con la gente. Mi rol es representar su cocina de la mejor manera posible, comunicarla al mundo y construir la experiencia a su alrededor. Desde el inicio soñamos juntos, trabajamos juntos y compartimos este objetivo.

¿Qué importancia tienen los premios para ustedes?
Los premios son importantes, sobre todo para el equipo y para las nuevas generaciones. No trabajamos solo para ellos, pero representan logros compartidos y reconocimiento a nuestro esfuerzo. La cocina coreana era poco conocida en Nueva York y hoy, gracias a Atomix, es parte de la conversación global. Eso inspira no solo a nosotros, sino a toda una comunidad.
¿Qué aspectos positivos destacarías de la gastronomía actual?
La diversidad. El hecho de que hoy podamos hablar de nuestra cocina en conferencias internacionales como Gastromasa demuestra que el mundo está abierto a más voces y culturas. Para mí no se trata solo de cocina, sino también de hospitalidad. La gastronomía no es únicamente la comida: es el servicio, la experiencia, la comunidad.




























