El prestigioso gastronómico argentino da su primer paso internacional asociándose con los hermanos Adam y Alex Saper para abrió una taberna inspirada en los clásicos bodegones de barrio.

El reconocido restaurador Pablo Rivero, figura fundamental de la gastronomía argentina y dueño de los galardonados proyectos Don Julio (galardonado con Estrella y Estrella Verde Michelin, e integrante de The World’s 50 Best) y El Preferido, cruza las fronteras para hacer su gran debut en Estados Unidos. Su nueva apuesta se llama Graciela, una auténtica taberna argentina que abrió sus puertas en el vibrante barrio del West Village en Nueva York.
Para concretar este esperado desembarco, Rivero se alió con Adam y Alex Saper, los hermanos detrás del éxito y la gran expansión de Eataly en el territorio estadounidense. Juntos, buscan replicar el sentido de comunidad, la excelencia y el respeto por el producto que caracterizan a los restaurantes del argentino.
El restaurante lleva el nombre de la madre de Rivero, Graciela, como un símbolo exacto de la experiencia que se busca brindar: un espacio que irradie cercanía, comodidad, generosidad humana y una sensación inmediata de pertenencia. El concepto se inspira profundamente en el clásico bodegón de barrio, ese histórico punto de encuentro donde convergen las familias y los amigos.
“Llevar la hospitalidad argentina a Nueva York ha sido un sueño durante muchos años, pero sabía que solo podía hacerse realidad con los socios adecuados”, confiesa Rivero, destacando el profundo respeto y la visión a largo plazo que comparte con los hermanos Saper para construir un proyecto con verdadero significado.





El menú de Graciela es un tributo a la conexión de Argentina con su tierra, influenciado también por las raíces migratorias españolas e italianas.
Si bien la carne de alta calidad tiene un rol central, los vegetales de estación comparten el mismo nivel de protagonismo. Como señala Adam Saper, el objetivo, que el comensal vaya por el bife, pero salga hablando de los vegetales.
El centro del salón está dominado por más de tres metros de superficie dedicada a la cocina a leña, convirtiéndola en una de las más grandes de Nueva York en su tipo. Este sector cuenta con:
Para garantizar la autenticidad de los sabores, el equipo importa directamente desde Argentina insumos clave, desde el carbón de quebracho blanco hasta pimentón y diversas variedades de ajíes difíciles de conseguir en Estados Unidos.


Rivero no dejó nada al azar y trasladó a Nueva York a figuras clave de sus exitosos restaurantes. Así asegura que la cultura de servicio tenga el más alto estándar:
“ Nos hemos enamorado de la sencillez y la generosidad que definen la cultura gastronómica argentina. El hilo conductor de Graciela es el compromiso con una selección cuidadosa de los ingredientes. Desde los agricultores que los cultivan hasta los productores de vino, tanto de bodegas históricas como de pequeños proyectos de mínima intervención. Nos inspiran las personas que cuidan profundamente la tierra y preservan las tradiciones que han heredado ”, afirma Alex Saper, socio del proyecto.
La unión entre la gran experiencia de Pablo Rivero, el conocimiento del mercado que aportan los hermanos Saper y un equipo que siente el proyecto como propio, es una fórmula que no puede fallar.
Al poner en primer lugar la calidad de los ingredientes y el placer de compartir la mesa, Graciela es más que la apertura del momento. Tiene el éxito asegurado y todo para convertirse, muy pronto, en el nuevo clásico favorito del West Village.