En Beihouse, la ciencia del sabor se convierte en un lenguaje de identidad y reconstrucción con el chef Tarek Alameddine
Líbano siempre ha sido un país de resiliencia. A través de cada crisis, reconstrucción y momento de incertidumbre, sigue alimentando una creatividad que se niega a desaparecer. La escena gastronómica no es la excepción. Bajo los desafíos de la última década, se está gestando un movimiento culinario silencioso, liderado por chefs que ven la cocina como un acto de reconstrucción. Entre ellos se encuentra Tarek Alameddine, un chef cuyo recorrido lo llevó por las cocinas más influyentes del mundo hasta regresar a Beirut, donde está dando forma a lo que podría convertirse en uno de los restaurantes más inspiradores de la región.
Después de graduarse en el Culinary Institute of America, Tarek perfeccionó su oficio en noma (Copenhague), Blue Hill Farm (Nueva York) y Etxebarri (España). Cada uno de estos restaurantes representa algo distinto: la devoción de noma por la fermentación y la estacionalidad, la filosofía ecológica de Blue Hill, y el dominio del fuego y la simplicidad en Etxebarri. En conjunto, consolidaron una forma de pensar que entiende el sabor no solo como gusto, sino como memoria y estructura.

El chef Tarek Alameddine regresa a Beirut para reconstruir la gastronomía libanesa desde las raíces
En lugar de continuar esa trayectoria en el extranjero, Tarek decidió regresar a casa. Beirut, aún con las cicatrices del dolor, siempre ha tenido una relación compleja con la ambición, pero también ofrece algo que ninguna otra ciudad puede ofrecer: la crudeza de la posibilidad y la belleza de reconstruir desde los cimientos. Tarek vio en esto una invitación para aplicar lo aprendido en el mundo y crear algo local que se sintiera auténtico, fiel al espíritu de la ciudad, y no una copia de otro lugar.
Esa idea dio forma a Beihouse, su proyecto actual. El restaurante se ubica en un terreno destruido durante las explosiones del puerto de Beirut en 2020. En lugar de borrar la memoria, la estructura fue reconstruida utilizando piedras del edificio original. Hoy alberga el primer restaurante con menú de degustación de Beirut y el primer programa formal de fermentación del país, desarrollado en colaboración con Jason, exdirector de Investigación y Desarrollo de noma.

Cómo la fermentación está transformando la cocina libanesa
Dentro de una pequeña pero sofisticada sala de fermentación, el koji elaborado con arroz, los misos de garbanzo y los garums envejecidos se transforman silenciosamente. No como una curiosidad, sino como los pilares de una cocina a la vez arraigada y progresista. En una ciudad que aún sana, la fermentación se siente casi simbólica: una transformación a través del tiempo, la paciencia y el cuidado, que convierte algo crudo y frágil en algo resistente y vivo.
La escena culinaria de Beirut hoy recuerda a los primeros años de Dubái, cuando los chefs asumían riesgos y experimentaban con nuevos formatos antes de encontrar su camino. Aquellos momentos de prueba forjaron una identidad que hoy se admira en toda la región. Beirut, a su manera, podría estar entrando en esa misma etapa transformadora, donde la creatividad empieza a reconstruir lo que alguna vez interrumpió el conflicto.
A través de Beihouse, Tarek no solo está redefiniendo el fine dining libanés, sino que también está reintroduciendo un sentido de posibilidad. Su trabajo sugiere que la excelencia puede surgir en los lugares más inesperados, que la tradición y la innovación pueden coexistir, y que el tiempo, al igual que la fermentación, puede sanar y crear al mismo tiempo.

La cocina de Tarek Alameddine convierte la resiliencia de Beirut en una nueva forma de alta gastronomía
¿Qué te hizo decidir volver a Beirut después de trabajar en algunos de los mejores restaurantes del mundo?
“Siempre quise regresar a Beirut. Pasé la mayor parte de mis veintes en el extranjero, y no importa cuán lejos llegues o cuántos logros consigas, nada se compara con alcanzarlos en tu ciudad natal, especialmente en un lugar tan complejo y lleno de capas como el Líbano. El éxito tiene otro sabor cuando se comparte con los tuyos.”
¿Cómo influyeron tus experiencias en cocinas como noma y Etxebarri en tu forma de cocinar hoy?
“Trabajar en cocinas de clase mundial como Noma, Blue Hill Farm y Etxebarri me enseñó mucho más que a cocinar o seguir recetas. Esas experiencias moldearon mi forma de pensar: sobre los ingredientes, sobre contar historias a través de la comida, sobre construir un concepto desde cero. Me entrenaron para ver la cocina como una filosofía más que como una habilidad. Aprendí a pensar en sabores, a ver la comida como un ecosistema de cultura, memoria y técnica, y eso lo llevo conmigo en todo lo que hago.”
¿Puedes describir la filosofía detrás de la sala de fermentación de Beihouse y cómo se integra con el menú?
“Desde Noma, la fermentación siempre fue un ingrediente esencial en la forma en que los chefs pensamos el sabor. Es una manera de dar profundidad, crear umami natural y reducir el desperdicio. Cuando volví a Beirut, la idea de construir un programa de fermentación parecía casi imposible; la gente no imaginaba que algo así pudiera existir aquí. Pero cuando lanzamos nuestro primer menú, al que llamamos cocina libanesa y regional contemporánea, la respuesta fue abrumadora. La gente estaba curiosa, abierta y realmente emocionada.
Eso nos dio la confianza para dar un paso más audaz: crear el segundo laboratorio de fermentación del Medio Oriente y el primero de su tipo en el Líbano. Hoy, nuestra sala produce koji a partir de arroz egipcio, además de misos de garbanzo y lenteja, que integramos en todo el menú. No se trata solo de técnica, sino de crear sabor desde la tierra que nos rodea, de una forma enraizada pero con visión de futuro.”

La evolución de la cocina libanesa: nuevos chefs, nuevas técnicas y una Beirut que sigue creando
¿Qué desafíos enfrentas al dirigir un restaurante en el Líbano hoy?
“Llevar un restaurante en el Líbano hoy es un acto de adaptación constante. Los desafíos son infinitos: escasez de suministros, costos cambiantes, cortes de energía e inestabilidad general. Pero también nos han enseñado a ser increíblemente ingeniosos. Uno de los mayores retos ha sido reconstruir y formar equipos. Muchos chefs y profesionales de la hospitalidad talentosos dejaron el país durante la crisis, lo que generó un gran vacío. Tuvimos que empezar desde cero, formando a jóvenes apasionados que quizás no tenían experiencia, pero sí mucha motivación. Ha sido un proceso difícil, pero también profundamente gratificante, porque está dando forma a una nueva generación de cocineros que creen en lo que hacemos.”
¿Cómo defines el fine dining en Beirut hoy?
“El fine dining hoy no tiene que ver con la formalidad ni con el lujo, sino con la intención. En Beirut, esa intención se siente aún más personal. La gente aquí valora la calidez, la generosidad y la emoción; quieren sentir algo cuando comen. Para mí, el fine dining en Beirut significa crear un espacio donde la artesanía se encuentra con el alma. No se trata de caviar importado o manteles blancos, sino de profundidad de sabor, precisión y narrativa. Cada plato debe transmitir un sentido de lugar, memoria y propósito.”
¿Hacia dónde crees que se dirige la escena culinaria de Beirut en los próximos cinco años?
“La gastronomía en Beirut siempre tuvo una energía cruda y sin filtros: es emocional, creativa y llena de carácter. Lo que veo ahora es un cambio hacia algo más enfocado. Hay un deseo creciente de definir qué puede ser hoy la cocina libanesa y regional, no repitiendo la tradición, sino evolucionándola.
En los próximos cinco años creo que veremos a Beirut ganando un mayor reconocimiento internacional, pero en sus propios términos. Los chefs están aprendiendo a confiar en su identidad, a trabajar con lo local, lo estacional y lo real. Siempre hemos sido conocidos por nuestros ingredientes, nuestras estaciones y nuestra producción, y creo que ahí radica nuestra verdadera fuerza. Cuanto más celebremos esos elementos, más distintiva será nuestra voz en el escenario global.
Lo que hace especial a Beirut es que florece en el caos. Incluso en los momentos más duros, la creatividad no se detiene; se transforma. Y esa resiliencia, esa capacidad de crear belleza en medio de la incertidumbre, es lo que seguirá definiendo nuestra comida y nuestro futuro.”





























