«La mejor salsa del mundo es la hambre»
Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha.
Evidentemente inspirada en la llamada “Teoría del derrame” y su fracaso al intentar lograr la inclusión de los más pobres a costa del enriquecimiento de los más ricos, El Hoyo (The Platform) centra su acción dentro de una prisión (a donde, ya veremos, puede accederse también por voluntad propia) donde los de abajo se alimentan de las sobras de los de arriba.
Organizado en celdas habitadas por dos prisioneros, este lugar posee numerosos subsuelos y una sola mesa de comida, con provisiones suficientes para alimentar a todos los habitantes. El problema reside en que, como dice claramente uno de los personajes “Si todos comieran sólo lo que necesitan, la comida alcanzaría para todos”. Pero, obviamente, nada es tan fácil. Los primeros niveles –»los de arriba”– comen y beben opíparamente. Pero a medida que la mesa va descendiendo, quienes habitan los últimos niveles van recibiendo sobras, platos y vasos rotos, heces humanas y comida masticada y digerida que van dejando quienes los han precedido. “La Administración” no ha tenido en cuenta entonces –o sí, dentro de su diseño siniestro– que la avaricia y el “sálvese quien pueda” rigen al ser humano que hará lo que sea –incluso comerse a su semejante– para sobrevivir.
Este panorama se ve agravado por un mecanismo siniestro que determina que, cada tanto y azarosamente, los prisioneros van cambiando de nivel. Por tanto, si aquel que estuvo padeciendo la escasez extrema de los últimos pisos se despierta de repente en uno de los primeros, no tendrá la más mínima consideración por sus compañeros y se convertirá rápidamente en esa bestia que engullirá todo lo sobrehumanamente posible aunque no sobre nada para los demás. Nada en su sistema de creencias resentido por la experiencia humillante de estar abajo le impedirá entonces convertirse en verdugo cuando esté arriba.
En este contexto, seguiremos al personaje de Goreng, quien decidió por voluntad propia vivir la experiencia de El Hoyo con la firme voluntad de, a través del encierro, dejar de fumar y lograr leer completo El Quijote de la Mancha, libro elegido por nuestro protagonista para que lo acompañe en su travesía. Un clásico de Miguel de Cervantes Saavedra construido en base a la pareja grotesca que el protagonista conforma con su escudero Sancho Panza, un ensamble que pone en escena una de las frases más emblemáticas del texto: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. A través del objeto que cada uno de los personajes con los que nuestro héroe se encontrará ha elegido para que lo acompañe, podremos leer su función en la historia, y una clara tipificación social encarnada en cada uno de ellos.
Trimagasi: el preludio
El primero de los compañeros de celda de Goreng, –que funciona casi como un Virgilio que lo conduce por los pasillos del infierno– es Trimagasi, un hombre de edad avanzada que le da –y nos da a los espectadores– prácticamente un manual de reglas e instrucciones de supervivencia en El Hoyo. Goreng le pregunta “sabe en qué consiste esto del hoyo?” “Obvio” contesta el viejo, con una palabra que se volverá un mantra y una marca de su personaje, “Comer. A veces es muy fácil. Otras resulta muy difícil. Según dónde le toque a uno”. Escuchar este primer texto acerca de el hoyo resulta chocante de tan cercano. Quién no sintió alguna vez que en eso consiste vivir en un sistema como el nuestro y que, tal y como declara el viejo, a veces es fácil y a veces difícil según donde toque nacer, comer, vivir.
Con Trimagasi, Goreng aprenderá a vivir en el hoyo en todo su esplendor. Porque ese personaje, cuyo objeto elegido es un cuchillo que se afila solo, no sólo oficiará de guía de las reglas del lugar sino de exponente de muchísimas de las pasiones que podremos encontrar desatadas y exacerbadas en ese contexto: el egoísmo, la locura y hasta el canibalismo. Por eso el cuchillo: ese elemento que no sólo puede servir para cortar comida sino que puede servir para defenderse, amenazar, herir y hasta matar. En definitiva, como Trimagasi se define “Sólo soy alguien que tiene miedo”.
Imoguiri: la utopía del sistema
La siguiente compañera con la que Goreng se despierta, en un nivel superior, es Imoguiri. Esta mujer de mediana edad ha participado activamente de La Administración como empleada de admisión. Por eso conoce todas las reglas y tiene una fe ciega en que si se organizan y convencen a los demás, la comida podrá llegar a todos. Acompañada de su fiel perro salchicha –que “aquí verán más como salchicha que como perro”, tal como Goreng le advierte– es la persona que de algún modo empieza a generar en Goreng la necesidad de hackear el sistema, darlo vueltas. Ella lo llama varias veces “el Mesías” y de a poco nuestro héroe irá adquiriendo una actitud más activa que lo llevarán de a poco a pergeñar una suerte plan de “justicia social” para la que ese lugar no está claramente diseñado.
El “Centro Vertical de Autogestión” tal como lo llama La Administración e Imoguiri se encarga de recordarlo, tiene numerosas fallas porque confía en la solidaridad espontánea. Lo que Goreng entenderá entonces es que esa solidaridad no será espontánea, sino que precisa de un plan y de cierta fuerza que sacuda la modorra de la mezquindad. El encuentro con Imoguiri, si bien breve, provoca el quiebre de Goreng quien, poco a poco, se va convirtiendo en un Quijote/Mesías a quien le hace falta un compañero de acción. Y, como dice el refrán “a todo Quijote le llega su Sancho Panza”.
Baharat: bajar para subir
Con el encuentro con Baharat, un hombre negro repleto de energía y con muchas ganas de salir de ese infierno, Goreng encuentra su Sancho Panza. Este hombre, que tiene fe y entusiasmo, pero también fuerza y valentía, será su compañero en el clímax de la película. Decidido nuestro protagonista a abandonar su privilegio de haber despertado en uno de los pisos superiores, con su compañero al lado, emprende el camino del héroe: hacer llegar, personalmente, la comida a los subsuelos más bajos, a los más desprotegidos, convertirse en ese Mesías que el hoyo venía necesitando. “Hay que bajar para subir”, le dice a su ladero y así, en escenas no aptas para impresionables, emprenden el camino para llevar raciones de comida a los que menos tienen. Como el caracol (así solía llamarlo Trimagasi), Goreng encuentra en ese hoyo mucho más de lo que venía a buscar: no sólo leer el Quijote, sino convertirse en él.
El Hoyo se presenta entonces como una película muy interesante para pensar en tipos y mecanismos sociales que nos son históricamente familiares. Una película que nos invita a reflexionar sobre las reglas del sistema y sus falsos mensajes. Sobre el rol diferente que ocupa la comida de acuerdo al lugar que cada uno ocupe y cómo los mecanismos de poder se replican en distintos estratos sociales. Sobre cómo encontrar salida al sistema de opresión y exclusión de “los de abajo” a través de la renuncia a los privilegios y una visión comunitaria antes que estamentista. Tal vez una utopía, pero vale la pena seguir pensando.
El Hoyo (The Platform)
País: España
Año: 2019
Duración: 94 minutos
Dirección: Galder Gaztelu-Urrutia
Elenco principal: Ivan Massagué: Goreng
Zorion Eguileor: Trimagasi
Antonia San Juan: Imoguiri
Emilio Buale: Baharat
Género: Ciencia Ficción, Suspenso
Productora: Basque Films, Mr. Miyagi Films
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