Rafael es un adulto responsable. Responsable de un restaurante familiar del que decidió quedar a cargo cuando sus padres ya no pudieron manejarlo más. Responsable de la educación y crianza de una hija, producto de su exmatrimonio. Responsable de una relación de pareja con Natalia, una mujer más joven que él pero que parece tener las ideas más claras. Y también es responsable de sus padres. Si bien Nino, su padre, es mayor pero está en plena forma vital, su madre padece de Alzheimer y está internada en un asilo de ancianos. Allí Nino la visita todos los días. Pero Rafael lleva un año ya sin verla.
Rafael es también un niño. Un niño de 42 años desbordado por las cuentas, los proveedores, la crisis nacional y las deudas en un restaurante que lo excede. Un niño desbordado por el intento de ser el padre que no llega a ser. Porque no llega a la escuela de su hija, ni a sus actos, ni a prestarle atención. Un niño que no puede hacerse cargo de tener una relación seria con alguien que lo quiere. Porque no sabe lo que quiere. Y un niño que no es capaz de asumir que no visita a su madre porque le duele verla así, y porque no pudo lograr de ella el reconocimiento que siempre buscó. Y ahora, que ella apenas lo reconoce, ya es tarde.
El momento en que su padre decide proponerle a su madre casarse por iglesia, como ella siempre deseó, es el momento bisagra en la vida de Rafael. La escalada a integrar en uno a ese niño y ese adulto. A dejar de ser hijo, sí, pero sin abandonarlo del todo. A hacerse cargo de su propia vida. Y a aprender que la vida es vida con aquellos que nos rodean amorosamente.
En la primera escena de la película, espiamos un poco de la infancia de Rafael. Signada por camisetas de River y Boca -bien argentino- y por el “picadito” y la pelota pinchada, esta escena también es memorable por el refugio que eligen estos dos niños -Rafael y Juan Carlos, su mejor amigo- cuando todo se complica: el Restaurante Belvedere. Allí los recibe Norma, madre de Rafael, que con una bandeja con chocolatada y polvorones parece decirles lo que todos buscamos escuchar, esas palabras mágicas que Rafael estuvo esperando toda su vida: “Yo te quiero. Yo te cuido. No te preocupes”. Esa madre refugio, ese restaurante nido -no ingenuamente el establecimiento lleva como nombre el apellido familiar “Belvedere”- cobija a su pichón y le da seguridad.
El dream team
Juan José Campanella, también conocido por El secreto de sus ojos (nominada al Oscar, al igual que El hijo de la novia como mejor película de habla no inglesa), Luna de Avellaneda y El mismo amor, la misma lluvia, entre otras, reúne en El hijo de la novia a un elenco realmente extraordinario.
Ricardo Darín en el papel de Rafael le da al personaje el tono justo de argentinidad, ternura y tozudez a un personaje al que aprendemos a querer a lo largo de la película. Asimismo su partenaire, Eduardo Blanco, interpretando a su amigo de la infancia con quien se reencuentra después de muchos años, genera una química muy cercana y familiar con el protagonista. Por otro lado, Claudia Fontán se destaca en el papel de ex mujer de Rafael, generando escenas y diálogos conflictivos pero siempre graciosos.
Héctor Alterio y Norma Aleandro (padre y madre de Rafael respectivamente) hacen una pareja realmente adorable. Al amor que Nino tiene por Norma no lo percibimos sólo por lo que Nino cuenta sobre ella, por cómo habla, sino por sus miradas, sus caricias, sus silencios. Y Aleandro componiendo a una mujer con Alzheimer lleva la interpretación a lugares insospechados. Con precisión, con delicadeza y con mucha inteligencia para abordar una enfermedad tan difícil de llevar al cuerpo, logra momentos únicos mientras nosotros nos enamoramos del personaje tanto como lo está su marido.
¿Existe un momento exacto en el que dejamos de ser hijos? Ni convertirnos en padre, ni ser un adulto responsable, ni siquiera la muerte física de los padres garantizan que una persona deje de sentirse por momentos hijo. O tenga la necesidad de serlo. Tampoco nadie puede asegurar que este sea un paso que debe darse en la vida. De alguna manera ser hijo es saberse querido y protegido, y no hay edad para sentir la necesidad de cariño y protección. Por todo esto y mucho más es que «El hijo de la novia» es una película tan inolvidable. Porque ese hijo, de alguna manera, somos todos.
El hijo de la novia
País: Argentina
Año: 2001
Duración: 124 minutos
Dirección: Juan José Campanella
Elenco principal: Ricardo Darín (Rafael Belvedere), Héctor Alterio (Nino Belvedere), Norma Aleandro (Norma), Eduardo Blanco (Juan Carlos)
Género: Drama
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