El apoyo a un club de rugby
“Comenzamos con el rugby, en primer lugar porque Floriano, cuando era joven, solía jugarlo en su pueblo con un excelente nivel –cuenta Isabella Potí–. El rugby es muy similar a los valores de la cocina porque trabajas en equipo, trabajas en el apoyo de tu equipo. De hecho, algunos procesos son similares, como el briefing antes del partido o para entender al cliente que tendremos”.
Más allá del rugby cuentan con otros proyectos en mente. Uno de ellos es trasladar el restaurante a un lugar más grande, aunque ambos creen que llevaría un par de años, porque lo están construyendo completamente a nuevo.
No son cocineros convencionales porque además del Club de rugby, Isabella ha participado en varios programas de televisión e incluso ha sido imagen de varias marcas internacionales. Al respecto, revela que siempre se sintió muy natural haciendo esto: “Siempre pensé que era algo positivo, por supuesto, que esto me daría más experiencias”.
A la hora de dar un consejo a los jóvenes chefs recalca que deben tener muy claro si quieren o no hacer este trabajo a este nivel porque hay diferentes tipos de chefs. “No todos son iguales, puedo ser más tranquila, puedo ser más agresiva, puedo estar más fija en los detalles, así que hay un nivel para todos y solo tienes que entender dónde quieres quedarte y dónde vivirás mejor”.
Para ello aconseja que lo más importante es poder realizar la mayor experiencia posible. “A veces puedes encontrar personas que siempre están estresadas y siempre están bajo presión y quizás no son tan felices. Y tal vez sea porque no están en la posición correcta”, analiza.
Y revela que ella empezó en una trattoria de su ciudad y terminó en una misión de tres estrellas. Con el paso del tiempo entendió que prefiere estar en un sitio de tres estrellas. “Solo quiero un buen restaurante donde pueda cocinar, pero se trata más de esto en realidad, se trata más de entender dónde estarás feliz viviendo”.
En relación a este tema, Floriano Pellegrino afirma que gran parte de sus logros se deben a su terquedad y al enfoque que pone en práctica todos los días. “También estoy evolucionando con el tiempo, alejándome cada vez más de la zona de confort que me permite crecer más rápido y, por lo tanto, para mí siempre es una evolución continua de mentalidad”, señala.
Y finaliza: “Haber abierto un restaurante tan joven, a los 25 años, me hizo dar cuenta de lo que ahora siempre digo a mi equipo: no tienen que tener miedo al fracaso o cometer errores, tienen que dejarse absorber completamente por la pasión y sacar de ella todo lo que puedan”.