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Tapa SUPERTRAMP

El desayuno que se tragó a Nueva York: el collage analógico detrás de la icónica portada de Supertramp

Sin composición digital, una actriz, un sistema de poleas, objetos reales y un meticuloso retoque manual construyeron una de las imágenes más famosas de 1979.

El desayuno que se tragó a Nueva York: el collage analógico detrás de la icónica portada de Supertramp

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Créditos: Mike Doud (Concepto/Dirección de arte), Mick Haggerty (Diseño), Aaron Rapoport (Fotografía frontal de estudio) y Mark Hanauer (Fotografía trasera en locación).

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Sin composición digital, una actriz, un sistema de poleas, objetos reales y un meticuloso retoque manual construyeron una de las imágenes más famosas de 1979.

Una camarera de sonrisa amplia reemplaza a la imponente Estatua de la Libertad. En lugar de sostener una antorcha, levanta triunfalmente un vaso de jugo de naranja. Detrás de ella, la isla de Manhattan parece perfectamente reconocible hasta que el ojo se detiene a mirar con atención: sus emblemáticos rascacielos son en realidad cajas de cereales, botellas de vinagre, tazas de café, ceniceros y utensilios de cocina.

En 1979, la banda británica Supertramp lanzó Breakfast in America, su sexto álbum de estudio y el que terminaría convirtiéndose en el mayor éxito comercial de toda su carrera, superando la abrumadora cifra de 18 millones de copias vendidas. Pero su portada consiguió algo que en la industria musical resulta igualmente difícil: crear una imagen gráfica magistral capaz de explicar el título del disco de un solo vistazo, fusionando la identidad cultural de Estados Unidos con el sagrado ritual gastronómico matutino.

El concepto visual y la ciudad comestible

La genialidad conceptual de esta imagen nació de la mente de Mike Doud, responsable de la dirección de arte del álbum. Según relató años después en diversas entrevistas, llevaba tiempo realizando pequeños bocetos donde mezclaba dos iconos ineludibles de la cultura pop norteamericana: el skyline de Nueva York y la clásica figura de la camarera de diner. Al ver la contundencia visual de la idea, la banda decidió avanzar de inmediato.

Para convertir ese concepto en realidad, Doud trabajó codo a codo con el diseñador Mick Haggerty y el fotógrafo Aaron Rapoport. Al no existir las herramientas de composición digital modernas, no se trató simplemente de tomar una única fotografía de una maqueta gigante, sino de orquestar un complejo trabajo de construcción física, collage fotográfico y retoque estrictamente manual.

Cajas, botellas y hielo para simular la niebla

La ciudad fue armada de manera artesanal utilizando objetos cotidianos vinculados al desayuno. En el estudio se desplegaron cartones de huevos, cajas de cereales, botellas de aderezos, ceniceros y cubiertos. Todo fue pintado cuidadosamente con aerosol blanco y fotografiado utilizando bloques de hielo y humo para crear la atmósfera perfecta de una ciudad brumosa a primera hora de la mañana.

El nivel de detalle logrado es fascinante. El gran plato situado en primer plano representa a Battery Park, en el extremo sur de la isla de Manhattan. Las ya desaparecidas Torres Gemelas del World Trade Center aparecen convertidas en dos altas pilas de cajas, mientras que los muelles portuarios se sugieren visualmente mediante la disposición de los cubiertos. Nueva York convertida, literal y físicamente, en una mesa servida.

Libby, las poleas y la ventanilla del avión

A la composición arquitectónica le faltaba su pieza central y humana. Después de realizar pruebas de cámara con otras dos modelos que no terminaron de convencer al equipo, apareció la actriz Kate Murtagh, quien interpretó a “Libby”. Una entrañable y robusta camarera. Con su uniforme reglamentario, delantal impecable y una enorme sonrisa, Murtagh sostiene el menú del restaurante y levanta el jugo de naranja.

Ese vaso estaba sostenido en el estudio mediante un complejo sistema de poleas y cables que posteriormente se eliminó de la imagen a través del retoque físico. La composición final que vemos en la mítica carátula cuadrada estuvo organizada en tres planos visuales distintos: el marco plástico de la ventanilla, la actriz en primer término y la ciudad de fondo. Haggerty realizó un detallado collage fotográfico con estas imágenes y un retocador profesional ensambló manualmente copias fotográficas (C-prints) para producir el arte final que finalmente fue enviado a la imprenta.

La perspectiva aérea y el restaurante de Los Ángeles

El encuadre elegido para la obra no es casualidad. Simula la vista desde la ventanilla de un avión comercial. Estados Unidos ya no recibe al viajero europeo que llega en barco a través del océano, sino desde el aire. Donde lo primero que espera al visitante es una reinterpretación pop de la Costa Este vista desde la sensibilidad relajada de la Costa Oeste. Una bienvenida monumental y ligeramente irónica al consumismo americano.

La narrativa visual del álbum continúa en la contraportada, fotografiada por Mark Hanauer. En ella, los miembros de Supertramp aparecen sentados en un verdadero restaurante, con la mismísima Kate Murtagh sirviéndoles café.

Un detalle brillante de diseño editorial acompaña la escena. Los músicos leen periódicos vinculados estrictamente a sus lugares de origen. Los integrantes británicos sostienen diarios de sus respectivas ciudades, mientras que el baterista Bob Siebenberg, el único miembro de la banda nacido en California, lee tranquilamente el Los Angeles Times.

Un éxito premiado por duplicado

El resultado de este esfuerzo estético trascendió ampliamente la promoción musical. En la prestigiosa ceremonia de los premios Grammy de 1980, el trabajo gráfico fue tan aclamado por la industria que Mike Doud y Mick Haggerty ganaron el  galardón al Mejor Diseño de Empaque.

Esa misma noche triunfal, Peter Henderson se llevó el Grammy a la Mejor Ingeniería de Grabación No Clásica por la impecable fidelidad sonora del disco.

Más de cuatro décadas después de su publicación, la portada de Breakfast in America sigue funcionando con  efectividad . Una actriz carismática, un vaso de naranja suspendido por cables y una ciudad ensamblada a mano demostraron que la imponente isla de Manhattan nunca había parecido tan apetitosa y comestible.

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