Refrescante, frutal y con siglos de historia, la sidra es mucho más que una bebida fermentada: es símbolo de celebración, cultura y conexión con la tierra. En el Día de la Sidra, la homenajeamos descubriendo su origen, sus variedades y su evolución actual.
Cada 3 de junio se celebra el Día Mundial de la Sidra, una fecha que rinde homenaje a esta bebida milenaria nacida de la fermentación de manzanas y profundamente arraigada en tradiciones populares de distintas regiones del mundo. Lejos de ser un simple refresco o una alternativa al vino o la cerveza, la sidra ha construido un universo propio, con técnicas, rituales y sabores que enamoran tanto a bebedores ocasionales como a expertos. Desde los escanciadores asturianos hasta los productores artesanales del nuevo mundo, la sidra vive un presente de renovación sin perder su esencia.

¿Qué es la sidra?
La sidra es una bebida alcohólica obtenida de la fermentación del jugo de manzana. Su grado alcohólico suele oscilar entre el 4% y el 6%, dependiendo del tipo de manzana utilizada y del proceso de elaboración. Aunque existen variaciones con peras (llamadas «peradas» o «perry» en inglés), la sidra por excelencia proviene de manzanas especialmente cultivadas para este fin, que pueden ser dulces, ácidas o amargas.
Se cree que la sidra ya era conocida en tiempos de los egipcios y los griegos, pero fue en Europa —especialmente en regiones como Asturias, el País Vasco, Bretaña, Normandía e Inglaterra— donde se desarrolló como una bebida popular y cotidiana, parte del paisaje agrícola y de las costumbres sociales.

Cuáles son los tipos de sidra que existen
No existe una única forma de hacer sidra. Existen múltiples estilos, muchos de los cuales responden a tradiciones locales muy arraigadas:
Sidra natural (Asturias y País Vasco): no contiene gas añadido ni azúcar. Tiene un sabor ácido, turbio y se sirve escanciada, es decir, vertida desde cierta altura para oxigenarla y despertar sus aromas.
Sidra dulce o espumosa (América Latina y España): más suave y dulce, generalmente carbonatada y consumida en celebraciones, especialmente durante las fiestas de fin de año.
Cidre brut (Francia): en regiones como Bretaña y Normandía se elabora una sidra seca o semiseca, con burbujas naturales y una graduación baja. Muy apreciada por su elegancia y equilibrio.
Cider inglés: Reino Unido es uno de los mayores consumidores de sidra. Aquí, la bebida puede variar desde estilos muy secos hasta dulces, y suele servirse fría en pubs. También existen versiones industriales y artesanales.
Sidra moderna o craft cider (EE.UU. y otros países): a partir del auge de lo artesanal, muchos productores han comenzado a elaborar sidras con fermentaciones controladas, mezclas de frutas, barricas de madera o incluso técnicas de vinificación, atrayendo a un público joven y explorador.

Curiosidades para fanáticos de la sidra
Más antigua de lo que se cree: hay registros de bebidas fermentadas con manzana que datan de más de 2.000 años. En textos romanos ya se hablaba de su uso entre los pueblos celtas.
Asturias, tierra de sidra: en esta región del norte de España se consume más de 40 litros por persona al año, y se producen más de 70 millones de litros anuales. El ritual de escanciar es Patrimonio Cultural Inmaterial.
Burbujeante por naturaleza: algunas sidras espumosas desarrollan su gas de forma natural gracias a una segunda fermentación en botella, similar al método champenoise del champagne.
No solo manzanas: aunque la manzana es la base, hoy existen sidras con frutas rojas, jengibre, lúpulo, miel e incluso envejecidas en barricas de whisky.
Tragos y maridajes: en coctelería, la sidra está ganando terreno por su ligereza y frescura. Además, marida muy bien con quesos, embutidos, pescados grasos y postres de fruta.

El presente de la sidra: su nueva era
Durante mucho tiempo, la sidra fue vista como una bebida tradicional, casi nostálgica, ligada a fiestas populares o costumbres rurales. Sin embargo, en la última década, la sidra ha entrado en una nueva etapa de revalorización y modernización, impulsada por varios factores: el auge de lo artesanal, la búsqueda de productos más naturales, la experimentación enológica y la creciente demanda de bebidas con menor contenido alcohólico.
Un renacimiento artesanal
Así como ocurrió con la cerveza y el vino natural, la sidra ha encontrado un espacio creciente en el mundo de las bebidas craft. Pequeños productores han comenzado a experimentar con técnicas más cuidadosas, como fermentaciones espontáneas, uso de levaduras indígenas, crianza en barricas o ánforas, y selección de manzanas de variedades antiguas o autóctonas. Esto ha dado lugar a una nueva generación de sidras más complejas, secas, menos filtradas y con un perfil aromático único. En muchos casos, estos productores trabajan en estrecho vínculo con el entorno: cosechan a mano, no utilizan pesticidas, y apuestan por ciclos productivos sostenibles. En regiones como el País Vasco, Bretaña, Vermont, Oregón o la Patagonia, están apareciendo etiquetas que combinan tradición con una mirada contemporánea.
Más allá de la manzana
Otra de las características de esta nueva etapa es la diversificación. Hoy no solo se elabora sidra con manzanas, sino que también se producen versiones con peras, frutos rojos, lúpulo, especias o hierbas aromáticas. Algunas sidras se elaboran con técnicas de maceración carbónica (como los vinos naturales), otras se envejecen en barricas de bourbon, ron o vino tinto, generando notas inusuales.
Esta apertura ha permitido atraer a un público más amplio y joven, especialmente en bares especializados, ferias gastronómicas y tiendas gourmet. También ha generado un puente entre la sidra y el mundo del vino, con etiquetas que se presentan como “sidras de autor”, en botellas de diseño, con catas y fichas técnicas.
Sidra en la coctelería y la alta cocina
Otra evidencia del cambio es su incursión en el universo gastronómico. La sidra, con su acidez equilibrada y su frescura, ha encontrado un lugar en las cartas de vino de restaurantes de alta cocina, muchas veces como alternativa a un espumante o como opción para maridar platos grasos, ahumados o fermentados.
En coctelería, la sidra también ha ganado protagonismo: se utiliza para crear tragos ligeros, cítricos o especiados, e incluso como base para versiones frescas de clásicos como el spritz o el mojito. Su versatilidad permite jugar con ingredientes como gin, vermut, jengibre o amargos, sin perder su personalidad frutal.




























