Cada 2 de junio se celebra en todo el mundo la creación de esta delicia circular. Aunque sus orígenes se remontan a Grecia, hoy es una propuesta dulce popular en todo el mundo.
Las donas, también conocidas como rosquillas, han dejado una huella dulce en la historia culinaria mundial. Es por eso que cada 2 de junio se le rinde un homenaje bien merecido, gracias a una iniciativa que se relaciona no solo con la gastronomía, sino también con la solidaridad.
Esta fecha nació en honor a una tradición que tiene sus raíces en la Primera Guerra Mundial. La historia cuenta que, durante este conflicto, un grupo de valientes mujeres voluntarias del ejército The Salvation Army, conocidas como «Lassies», se dedicaron a brindar apoyo moral y material a los soldados que luchaban en el frente.
Con la intención de levantar el ánimo de los combatientes, decidieron hornear y regalar donas a los soldados heridos y cansados. Estas delicias no solo proporcionaron un alivio temporal a quienes padecían las condiciones de la guerra, sino que transmitían un mensaje de apoyo y solidaridad a quienes servían en el frente.
El noble gesto de regalar donas a los soldados heridos y necesitados se convirtió en una grata costumbre que se expandió rápidamente y se convirtió en un símbolo de esperanza y solidaridad.
Así, en reconocimiento a esta increíble muestra de generosidad, The Salvation Army estableció oficialmente el Día Internacional de la Dona en Estados Unidos el 2 de junio de 1938. El homenaje se transformó en festejo internacional y sirvió para honrar la memoria de aquellos que sirvieron en la guerra y para celebrar el espíritu de solidario.

Una historia viajada
Los libros de historia culinaria revelan que las donas tienen su origen en la antigua Grecia, donde hacían una masa similar que preferían hornear en lugar de freír.
No hay duda de que los romanos contribuyeron a su evolución, cuando comenzaron a usar una técnica de cocción propia para la masa en ciertas festividades, en las que la acompañaban con miel y vino.
Consistía en tomar una porción dela pasta, cerrar la mano y arrojarla sobre un recipiente de agua hirviendo, o sobre una sartén donde el aceite estaba muy caliente. También preparaban para fiestas una especie de buñuelo llamado globulus, que comían caliente y le añadían miel.
Existen antecedentes del dónut en España. Los españoles del siglo XVI hacían una delicia similar aunque la llamaban buñuelo, y así se llamó tanto en Castilla como en Cataluña. La masa frita, algo dulce y con su agujero en el centro se registra en Castilla a finales del XV; se comía caliente y embadurnado con miel. Era manjar propio de los meses fríos, y su temporada coincidía con el Día de Difuntos, el primero de noviembre, tal vez por casualidad.
En el libro Arte de cocina, pastelería, vizcochería y conservería, de Francisco Martínez Montiño, cocinero mayor de Felipe II, son numerosas las recetas que se explican referidas a buñuelos y toda clase de bollos y frutas de sartén, algunas de las cuales son casi idénticas al dónut. Por esto, se podría decir que en España, los Reyes Católicos degustaban dónuts, aunque bajo el nombre castellano de bollos de hechura.
Sin embargo, la dona tal como la conocemos hoy en día se atribuye a los holandeses en el siglo XVI, quienes lo llamaron olykoek (pan de aceite) y lo freían en grasa. Más tarde, en el siglo XVII, los colonos holandeses llevaron la receta a Estados Unidos, donde se popularizó y adoptó el nombre de dough nut (nuez de masa). Más tarde, el término se simplificó a donut.
Uno de los aspectos más curiosos de este dulce es su agujero central. Originalmente, no lo tenían, lo que dificultaba una cocción uniforme. En 1847, un marinero estadounidense llamado Hanson Gregory tuvo la brillante idea de hacer un agujero en el centro de las donas que su madre estaba friendo. Y este cambio le dio un giro a su sabor.

En números
Las donas han alcanzado una popularidad global, con Estados Unidos liderando la producción anual de más de 10 mil millones de unidades. Aunque sorprendentemente, es Canadá quien consume más donas per cápita, con un promedio de 30 al año por persona.
Además, las donas han sido objeto de extravagancias culinarias, como la dona más cara del mundo, presentada en el Reino Unido en 2014, cubierta de oro de 24 quilates y adornada con diamantes comestibles, por un precio de mil libras esterlinas por unidad.
Un monumento en la ciudad norteamericana de Rockport, estado de Maine, recuerda el hecho. La prensa local no tardó en comentar que en América era posible alcanzar la fama por inventar un agujero, por hacer útil el espacio vacío: eso dice la placa de bronce puesta al pie del monumento.
Se estima que se preparan más de 35 mil millones de donas anuales en el planeta. Hay una marcada relación entre las donas y los policías. Esta versión se volvió muy popular, especialmente en los programas de televisión.
En la década de 1940 los locales de venta de donas eran los únicos abiertos a altas horas de la noche, por lo que los policías del turno vespertino solían comprar rosquillas regularmente.




























