La segunda temporada de Culinary War 2, el reality gastronómico coreano, consagró a dos chefs con trayectorias muy distintas. Quiénes son, de dónde vienen y dónde probar hoy su cocina.
Desde su estreno, Culinary Wars se transformó en uno de los programas gastronómicos más influyentes del streaming. Parte de su éxito radica en una combinación precisa: desafíos exigentes, una narrativa cuidada y, sobre todo, chefs con historias reales, lejos del estereotipo televisivo. La segunda temporada profundizó esa mirada, poniendo el foco no solo en el resultado final del plato, sino en la identidad, el recorrido y la toma de decisiones de cada participante.
En ese marco, dos figuras lograron destacarse con claridad. Choi Kang-rok, quien terminó alzándose con el título, y Lee Ha-sung, apodado por la audiencia como Culinary Monster, construyeron una rivalidad basada menos en el show y más en dos formas opuestas —pero igualmente sólidas— de entender la cocina. Sus historias personales ayudan a explicar esa diferencia.

Temporada 2: nuevas reglas, viejas jerarquías y una cocina al límite
La segunda temporada de Culinary Class Wars marcó un punto de inflexión en la franquicia. Desde su lanzamiento, dejó en claro que la ambición era mayor y los primeros adelantos anticipaban una competencia más grande, más visual y más feroz.
El lineup de White Spoon reunió a figuras consagradas de la gastronomía coreana e internacional: Lee Jun, chef con dos estrellas Michelin; Son Jong-won, con una estrella tanto en cocina coreana como occidental; Sunjae, el primer maestro de cocina budista de Corea; Hou Deok-juk, con 57 años de trayectoria en cocina china; y Park Hyo-nam, leyenda de la cocina francesa con casi cinco décadas de experiencia. A ellos se sumaron nombres populares como Jung Ho-young, Sam Kim, Raymon Kim, Song Hoon (jurado de MasterChef Korea) e Im Seong-keun, ganador de Hansik Battle.
Pero el verdadero giro llegó con el regreso de los Black Spoon: chefs ocultos, hambrientos de revancha y dispuestos a desafiar la jerarquía establecida. En una cocina en blanco y negro, su sola presencia funcionó como advertencia. Apodos como Three Star Killer, Seochon Prince, Culinary Monster o Barbecue Lab Director resumían reputaciones forjadas en el riesgo, la disrupción y años de oficio. Nuevos nombres como Culinary Innovator o Wok Rider anticiparon alianzas inesperadas y resultados imprevisibles.
La temporada también recuperó uno de sus sellos: las catas a ciegas, donde los jueces evalúan únicamente el sabor, sin saber quién está detrás del plato. A eso se sumaron reglas inéditas y el regreso de dos concursantes enmascarados, que volvieron por redención y aportaron una dosis extra de tensión.

Los finalistas y sus propuestas por fuera del programa
Choi Kang-rok — La precisión como lenguaje
En el reality vimos cómo Choi Kang-rok se caracterizaba por ser reservado, reflexivo e inmutable a los golpes de efectos, él representa a una generación de cocineros coreanos que crecieron observando la tradición desde adentro, pero que eligieron reinterpretarla con herramientas contemporáneas. Su camino no fue inmediato ni lineal: antes de ser reconocido, pasó años trabajando en silencio, formándose a partir de la experiencia directa más que del brillo mediático.
Su participación en el reality
En Culinary Wars, su mayor fortaleza fue la consistencia. Rara vez buscó impresionar con platos grandilocuentes; en cambio, apostó por sabores equilibrados, técnicas depuradas y una lectura muy clara del producto. Esa calma —que en televisión puede parecer falta de espectacularidad— terminó siendo su sello distintivo y, finalmente, su mayor ventaja.
Fuera de cámaras
Choi Kang-rok es conocido por una ética de trabajo rigurosa y una mirada casi filosófica sobre la cocina: cocinar como acto de respeto, tanto hacia los ingredientes como hacia quien se sienta a la mesa.

Lee Ha-sung — Energía, riesgo y carácter
Si Choi Kang-rok representa la contención, Lee Ha-sung es su contraparte natural. Extrovertido, intenso y dueño de una personalidad arrolladora, Lee Ha-sung se ganó el apodo de Culinary Monster por una cocina que no conoce la tibieza. Desde el inicio del programa dejó en claro que su estilo no es para pasar desapercibido.
Su formación combina técnica clásica con una fuerte influencia internacional. Antes de llegar al programa, trabajó en cocinas de alto ritmo y contextos exigentes, donde desarrolló una capacidad poco común para tomar decisiones rápidas sin perder precisión. En Culinary Wars, brilló por su audacia: sabores intensos, combinaciones arriesgadas y una confianza que se traducía directamente en el plato.
Más allá del personaje televisivo, Lee Ha-sung entiende la cocina como un acto emocional. Para él, un plato debe provocar algo inmediato, incluso incomodar si es necesario. Esa búsqueda constante de impacto es lo que lo convirtió en uno de los favoritos del público.
Dónde comerlo
Su restaurante en Seúl tiene un espíritu más dinámico y urbano. El ambiente es relajado, con cocina a la vista y una carta que puede mutar con frecuencia, reflejando el pulso creativo del chef.
Su cocina
Sabores potentes, contrastes marcados, guiños internacionales y una clara vocación por el riesgo. Una propuesta pensada para quienes disfrutan de experiencias intensas y sin concesiones.

Temporada 3: la batalla se vuelve colectiva
Netflix ya confirmó oficialmente la tercera temporada de Culinary Class Wars, y el cambio de formato promete alterar por completo las reglas del juego. Luego de dos temporadas consecutivas de éxito global, la competencia deja atrás el foco en chefs individuales para dar paso a un sistema basado en equipos.
En esta nueva etapa, los participantes competirán en grupos de cuatro chefs que representarán a un mismo restaurante, transformando el reality en una lucha colectiva donde ya no solo está en juego el talento personal, sino también el prestigio, la identidad y la supervivencia de cada proyecto gastronómico. No se trata solo de ganar: se trata de defender un nombre y una cocina frente al mundo.
Las postulaciones para la temporada 3 ya están abiertas a través de los canales oficiales del programa. Un requisito clave: los equipos deben estar formados por cuatro cocineros que trabajen actualmente en el mismo establecimiento. No se aceptan postulaciones individuales ni equipos armados con chefs de distintos restaurantes, aunque sí se permitirá aplicar a marcas gastronómicas con múltiples sedes como una sola unidad.
El anuncio llega respaldado por números contundentes. Durante los últimos dos años, Culinary Class Wars lideró el Top 10 global de series no habladas en inglés de Netflix, y su segunda temporada fue especialmente celebrada por elevar la tensión, las reglas y la complejidad del formato sin perder su esencia.
La tercera temporada reunirá nuevamente al equipo creativo original de Studio Slam, con la productora Kim Eun-ji y la guionista Mo Eun-seol al frente. “Gracias al apoyo increíble del público global durante la segunda temporada, estamos muy agradecidos de poder avanzar con una tercera. Vamos a trabajar para ofrecer un formato todavía más emocionante y a la altura de las expectativas”, adelantó Kim Eun-ji.




























