El virtuoso mandolinista David «Dawg» Grisman y el insigne guitarrista plano Tony Rice
En abril de 2000, el sello independiente Acoustic Disc publicó uno de los documentos sonoros más celebrados y curiosos de la historia de la música norteamericana: The Pizza Tapes.
El álbum recopila las mágicas e informales sesiones de improvisación protagonizadas por tres titanes absolutos de las cuerdas. El legendario guitarrista de Grateful Dead Jerry Garcia, el virtuoso mandolinista David «Dawg» Grisman y el insigne guitarrista plano Tony Rice. Estas improvisaciones fueron grabadas durante dos noches consecutivas en febrero de 1993 en el estudio privado de Grisman en California.
El proyecto nació del folclore más puro del intercambio de cintas, un robo doméstico y una caja de cartón de delivery que terminó bautizando para siempre al disco.
Diseño gráfico y autoría visual: la estética de la caja de cartón
La dirección de arte y el diseño gráfico original de la edición corrieron a cuenta de D. Brent Hauseman, quien tradujo de manera literal el accidentado folclore del material utilizando la icónica estética de una caja de cartón de pizza para contener la historia.
La fotografía estuvo a cargo de Pamela Rice y Dexter Johnson. El concepto visual no era un simple capricho gastronómico, respondía directamente al célebre mito fundacional del álbum. Conocido durante años en el circuito de coleccionistas clandestinos como «The Pizza Boy Tape» (la cinta del repartidor de pizza).
El mito fundacional: el casete robado y el repartidor de pizza
La historia real detrás del título y la carátula se remonta a los días posteriores a aquellas sesiones de 1993. Jerry Garcia había solicitado una copia de las grabaciones en un casete doméstico para escucharla en su domicilio.
Según la narrativa documentada por el propio David Grisman en las notas originales del disco, la cinta desapareció de la casa de Garcia cuando un repartidor de pizza local acudió a realizar una entrega. Al parecer, sustrajo o se apropió indebidamente del casete.
Lejos de quedarse en una anécdota privada, el casete robado cayó en manos de la red de intercambio de seguidores de Grateful Dead. Este hecho llevo a que se multiplicara en copias de baja fidelidad que circulaban por todo el país bajo el nombre de The Pizza Tape.
De la piratería clandestina al lanzamiento oficial
Durante años, el contrabando circuló libremente por ferias y conciertos. Grisman, harto de la piratería de mala calidad pero consciente del valor histórico de esas interpretaciones desnudas, decidió «enterrar el hacha de guerra con el repartidor» y oficializar el lanzamiento con calidad de máster de estudio.
La carátula en forma de caja de pizza rinde homenaje a ese accidentado desvío legal. El interior del disco, fragmentado por breves cortes titulados humorísticamente «Appetizer» (Entrante), captura no solo versiones memorables de temas tradicionales como Man of Constant Sorrow o Amazing Grace, sino también las risas y charlas íntimas entre músicos que sabían que estaban haciendo historia sin proponérselo.
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