Ang Lee, en 1994 nos regalo una película que probablemente sea la piedra angular del cine gastronómico moderno: Eat Drink Man Woman (Comer, beber, amar).
Esta no es una película donde la comida es solo utileria; aquí, la gastronomía es el guion invisible.
Una mise en place coreografiada
Los primeros cinco minutos de la película deberían ser de visionado obligatorio en cualquier escuela de cine y de cocina. Sin necesidad de una sola línea de diálogo, Ang Lee nos presenta al Sr. Chu (Sihung Lung), un venerado maestro chef viudo en el Taipei de los años 90, preparando el tradicional banquete dominical para sus tres hijas.
La cámara se mueve con la precisión de un cuchillo de chef. Además vemos planos detalle de un pescado recién capturado, el eviscerado rápido, el rebozado en harina, la inmersión en aceite burbujeante, el amasado meticuloso de los dumplings y el inflado de un pato laqueado.
El montaje rítmico, sumado a un diseño de sonido que captura cada crujido, chisporroteo y corte, crea una sinfonía culinaria que hace salivar al espectador. Como resultado, esta secuencia es un bálsamo: pura técnica, respeto absoluto por el producto y cero concesiones al artificio.
La mesa del domingo como campo de batalla
El Sr. Chu intenta mantener unida a su fracturada familia a través del único lenguaje que domina: la alta cocina china. Sin embargo, para sus hijas —una profesora reprimida, una ambiciosa ejecutiva de aerolínea y una joven estudiante que trabaja en un local de comida rápida—, este monumental banquete semanal se ha convertido en una obligación asfixiante. Un escenario donde se mastican resentimientos y se tragan secretos.
Desde el análisis cinematográfico, la dirección de arte y la fotografía operan en un contraste constante. La cocina de Chu es oscura, cálida, llena de vapor, acero y fuego, un reducto del pasado. En contraposición, el mundo de sus hijas está iluminado por la luz fría del neón, oficinas modernas y locales de fast food.
Lee utiliza la mesa redonda del comedor para encuadrar la distancia emocional: están físicamente cerca, unidos por la comida, pero emocionalmente a kilómetros de distancia. Las tensiones estallan siempre entre bocado y bocado, transformando el acto de comer en un vehículo narrativo para las revelaciones más brutales de la trama.
Metáfora de la desconexión
El toque maestro del guion es la tragedia secreta del Chef Chu: está perdiendo el sentido del gusto. A nivel gastronómico, es la peor condena para un cocinero; a nivel simbólico, es una metáfora devastadora de su incapacidad para saborear la vida y conectar con la nueva generación.
El título de la película proviene del Libro de los Ritos de Confucio: «Comer, beber, el hombre, la mujer. Los grandes deseos humanos se comprenden en esto». En este sentido la película entrelaza brillantemente el apetito culinario con el deseo reprimido, la identidad y la búsqueda de independencia. Una de las hijas, Jia-Chien, heredó el genio culinario de su padre, pero fue expulsada de la cocina por ser mujer, empujada a una carrera corporativa. Su arco narrativo es, en el fondo, una lucha por recuperar su derecho a los fogones, su verdadera identidad.
Comer, Beber, Amar es una exploración magistral de cómo el acto de cocinar para otros puede ser a la vez un acto de profundo amor y de manipulación emocional. No romantiza la cocina de forma superficial, sino que la respeta como un oficio brutal y sagrado.
Eat Drink Man Woman (Internacional) / Comer, beber, amar (Hispanoamérica y España)
País: Taiwán / Estados Unidos
Año: 1994
Duración: 124 minutos
Dirección: Ang Lee
Elenco principal: Sihung Lung
Chien-lien Wu
Kuei-Mei Yang
Yu-wen Wang
Sylvia Chang
Winston Chao
Género: Comedia, Drama
Productora: Central Motion Picture Corporation-Good Machine-Ang Lee Productions y Xiongfa Film Company
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1 comentario. Dejar nuevo
Recuerdo ver está película cuanfo salió y el impacto que me provocó. Cada escena de comida tan elaborada, la historia detrás de todo esto con las hijas y el chef que está perdiendo el sentido del gusto. Por supuesto que la veré nuevamente con otros ojos, gracias por la nota y recordarnos está joya de película.