Los rankings pueden impulsar creatividad y valentía, pero también generar presión y desencanto. Claudia De Brito, periodista y presidenta de la The World’s 50 Best Restaurants Academyl, analiza su impacto real, el rol de los medios y el futuro del oficio.
La voz de Claudia De Brito se mueve entre el entusiasmo por la gastronomía y la mirada crítica de quien lleva años observando cómo cambian los premios, las listas y el rol del periodismo en esta industria. Habla con franqueza sobre el valor real de los reconocimientos, la presión que pueden generar y la necesidad de que los chefs encuentren satisfacción más allá de un ranking. También reflexiona sobre el momento que atraviesan los medios, la velocidad con la que hoy se consume contenido y las oportunidades —antes impensadas— que tienen las nuevas generaciones para contar historias por su cuenta. Claudia De Brito también destaca la importancia de la sinceridad en este entorno.
Su análisis combina experiencia, autocrítica y una convicción: en un escenario tan cambiante, la integridad personal y la pasión por narrar siguen siendo los pilares más sólidos.

Un motor creativo… con efectos secundarios
Para De Brito, los premios funcionan como un incentivo enorme. Impulsan a los chefs a arriesgarse, a explorar ideas más valientes, a desarrollar propuestas que quizá no se animarían a mostrar sin ese empujón simbólico. Sin embargo, reconoce que la otra cara existe: Claudia De Brito nota que caer en una lista o descender en un ranking puede resultar desmotivador. Aun así, sostiene que los beneficios superan los aspectos negativos, especialmente porque los sistemas de votación comienzan a transformarse.
Destaca el caso de Best Chef, que pasó de destacar a 100 cocineros a incluir a 600, una señal de apertura que, para ella, podría ser el camino para reducir la sensación de exclusión. “N50 es un número muy pequeño para la cantidad de restaurantes del mundo”, sostiene. Por eso insiste en que no estar en una lista no determina el valor de un proyecto ni cuestiona la calidad de una cocina. En un ámbito tan subjetivo, lo “bueno” o “malo” depende siempre de quien se sienta a la mesa.

A los chefs que no están en las listas: creer en lo propio
Muchos cocineros sienten que no ser reconocidos es injusto, sobre todo cuando comparan su trabajo con colegas premiados. A ellos, De Brito les habla con honestidad: los rankings responden, muchas veces, al “momento” de un chef o restaurante, no a una verdad absoluta.
Asegura que ha comido experiencias extraordinarias en lugares sin estrellas ni posiciones destacadas, y también ha salido decepcionada de restaurantes muy rankeados. Por eso insiste en un principio: Claudia De Brito defiende la satisfacción personal como el verdadero norte. “Si persigues los rankings, pasarás tu vida corriendo detrás de ellos. Si amas lo que haces, y lo haces con constancia, la recompensa —si llega— será un plus, no un destino”.

Claudia De Brito habla sobre el marketing, invitaciones y juego limpio
La industria también enfrenta críticas sobre el uso intensivo de agencias de comunicación, viajes de prensa y estrategias destinadas a influir en votaciones. De Brito reconoce que esto existe, pero no lo demoniza: su criterio, dice, es aceptar una invitación solo si encuentra allí una historia genuina.
Como periodista, siente la responsabilidad de discernir entre quienes buscan reconocimiento legítimo y quienes pretenden “jugar el juego”. Y considera que la integridad debe ser compartida: tanto restaurantes como comunicadores deben actuar con ética.

Entre la velocidad digital y el deseo de contar historias
La transformación del consumo cultural modificó el oficio. Hoy, publicar tarde significa quedar fuera del radar. Los ciclos de noticias exigen inmediatez, aun cuando el contenido sea mínimo o poco profundo. De Brito admite que es un momento complejo para el periodismo gastronómico: se privilegian las listas cortas y los textos breves, donde cada recomendación ocupa apenas 100 palabras.
Extraña el tiempo en que una crónica podía escribirse con calma, pero entiende que las reglas cambiaron y que Claudia De Brito observa que la audiencia ya no lee piezas extensas con la misma frecuencia.
¿Vale la pena estudiar periodismo hoy?
A los jóvenes que sueñan con escribir, incluso frente a un mercado con salarios bajos y menos estabilidad, De Brito les responde sin dudar: sí, vale la pena. La diferencia, dice, es que hoy pueden publicar sin esperar que un medio les abra la puerta. TikTok, Instagram, blogs y plataformas nuevas permiten construir una audiencia propia y mostrar talento sin intermediarios.
Ella misma admite que no gana mucho como periodista —“me pagan dos dírhams por palabra”—, pero ve un futuro lleno de posibilidades para quienes nacieron digitales. Su consejo es claro: publicar, mostrarse, ser constante. “Si es bueno y apasionado, resonará con alguien”.
Y aunque reconoce que para quienes aman el papel la transición puede sentirse pesimista, considera que para la nueva generación es un momento estimulante. Un mundo abierto, veloz y lleno de formatos donde las historias todavía importan, aunque se cuenten de otra manera.




























