Flynn Mc Garry es un chef muy particular. Nacido en 1998, con 25 años actualmente (20 cuando se estrenó este documental), ya tiene en su haber un importante recorrido en el mundo de la gastronomía, y un futuro más que prometedor. Porque Flynn comenzó a cocinar a sus jovencísimos 10 años (a juzgar por lo que se ve en Chef Fllynn, podríamos pensar que incluso mucho antes).
Flynn es hijo de Megan Daniels, una directora de cine devenida en madre, más tarde devenida en manager de la prometedora carrera de su pequeño hijo. Megan es una presencia permanente en la vida de Flynn y en el documental. Es quien lo apoya, lo apuntala y lo acompaña en sus aventuras que se tornan profesionales a una edad muy temprana.
Según su madre explica, la gastronomía para Flynn fue el refugio que encontró el pequeño cuando sus padres se divorciaron a causa del problema de alcoholismo y depresión que afectaba a su padre. Al quedarse solo conviviendo con su madre y su hermana Paris, Flynn se convirtió en “el hombre de la casa” y encontró en la cocina la forma de tomar el control de su vida y la de su familia.
Chef Flynn es un documental íntimo y familiar. El hecho de que Megan se dedique al rubro audiovisual hace que haya muchísimos materiales registrados del pequeño chef y su familia desde muy temprana edad. No sólo lo vemos cocinando. Lo vemos recogiendo hierbas para cocinar, ser niño, convertirse en preadolescente, vivir su vida rodeado de todo lo que le apasiona: la comida. Lo vemos, también, pedir “¡mamá apaga la cámara!”.
Eureka
Según el Diccionario de la Real Academia Española, “Eureka” es una interjección “que se usa para expresar alegría cuando se encuentra o se descubre algo que se busca con afán”. Eureka es el nombre elegido por Flynn y su madre para abrir su casa familiar y comenzar un pequeño emprendimiento donde el joven chef pueda dar a conocer sus creaciones. Comienza como una reunión de amigos. Los pequeños amigos de Flynn se convierten en el equipo a las órdenes del chef y las mesas son ocupadas por familiares y conocidos que vienen a degustar los sofisticados platos que cocina el niño.
Pero Eureka no tarda en crecer. Rápidamente, las mesas comienzan a ocuparse con amigos de amigos, o conocidos de conocidos de la familia. Y pronto Megan comienza a recibir más y más mails de reservas de personas desconocidas que quieren probar esa comida de la que todo el mundo habla.
Todo se mueve muy rápido. Un grupo de chefs del Eleven Madison Park visitan Eureka e invitan a Flynn a visitar uno de sus restaurantes. El niño se apresura a aclarar que él no quiere visitar el lugar sino trabajar allí. Y así, logra a sus jóvenes 13 años pasar algunas jornadas aprendiendo y trabajando en uno de los restaurantes más prestigiosos de Nueva York.
Así llega a la vida de Flynn la publicidad. Le hacen una entrevista en el New Yorker donde lo mencionan como un prodigio del mundo gastronómico y a sus 15 años es portada del New York Times. “Los demás me dicen chef. Yo no sé lo que soy. Yo hago comida”, declara este joven que también dice que en su familia son “cocineros asustadizos” y que eso lo empujó a cocinar con creatividad y sabores diversos.
Mi mamá me ama
Como pasa siempre, la notoriedad y la fama vienen acompañadas de cosas buenas y cosas no tan buenas. La exposición en redes sociales, las notas en la televisión, la publicidad de su comida y su incipiente proyecto de “restaurante ambulatorio” en Nueva York despiertan elogios pero también numerosas críticas y controversias. Su madre, debatida entre su rol de manager y de madre propiamente dicha, intenta que Flynn no se frustre ni se sienta abatido con los comentarios negativos en torno a su historia. Pero, parte de crecer, es también asumir que la mirada de los otros muchas veces puede doler, y a esto también debe enfrentarse el joven cocinero.
Las imágenes de archivo muestran a un pequeñísimo Flynn bebé, con sus incipientes pasos, jugando con ollas, platos y cucharas de juguete. La madre, en off, lo incita al juego y lo llama “Chef Flynn”. El niño no debe tener más de un año, y ya entendía que su lugar en el mundo era la cocina. Hoy, más de 15 años después, su madre reflexiona acerca de sí misma como realizadora audiovisual y escritora y de cómo a veces, casi como un pensamiento prohibido, cree que fue ella quien escribió esta historia, la de su hijo. Y sí, un poco los padres hacemos muchas veces eso; escribir nuestra propia historia a través de nuestros hijos. Pero son ellos, los hijos, los que ponen su impronta, los que nos trascienden. Y entender eso, para los adultos, también es crecer.
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