La vida de la cocina es vertiginosa. Se trata de tener todo planificado para que surjan la menor cantidad de imprevistos posibles pero los contratiempos son inevitables. Porque se trabaja a contrarreloj y hay que tener mucho oficio para que la velocidad no se convierta en caos sino que sea pura eficiencia.
Boiling Point (“Hierve” en latinoamérica) pone la lupa en las exigencias laborales y humanas del mundo gastronómico.
Al igual que en El Oso, Philip Barantini, director de Boiling Point, elige contar una historia dentro de un restaurante. Y elige hacerlo en tiempo real.
Si a esto sumamos que la película está contada en un plano secuencia de una hora y media, podemos adivinar que el orden caótico que se ve delante de cámara, también debe haber tenido su correlato en el detrás de cámara.
El empleo del tiempo
Para quienes no estén habituados a la terminología más propia del cine, “plano secuencia” se le llama a un único plano que se desarrolla sin cortes. Los movimientos de cámara que se suceden para lograr estos planos suelen notarse más que otros. Lo que nos da una idea de una naturalidad y un “estar ahí” muy particular.
El tiempo narrativo de la película coincide entonces con el tiempo en el que el espectador ve la película.
Todo lo que vemos sucede en un mismo tiempo y espacio, en distintos escenarios interconectados del restaurante a los que la cámara va teniendo acceso siguiendo a diversos personajes. En la misma porción de tiempo que a nosotros nos lleva ver la película.
Es interesante pensar que el modo de narrar aquí no es un mero ejercicio de virtuosismo cinematográfico. Hay algo de rito cuasi teatral de algo vivo que se transmite mejor a través del plano secuencia.
Algo de lo espontáneo, lo que escapa de control, que sucede en la historia que cuenta la película y en la película misma. Hay una presión constante que se vive en la cocina que nos llega de un modo completamente exacto. Hay riesgo, adrenalina, y la sensación de que algo va a estallar tarde o temprano.
Cocinar bajo presión
Vayamos a la historia: Andy Jones (un impecable Stephen Graham, que transita por todo tipo de emociones a lo largo del film) es el chef a cargo de un prestigioso restaurante londinense.
No está pasando su mejor momento personal ni laboral. Recién separado, atrapado en el consumo de drogas y alcohol, sus permanentes distracciones y su falta de rigor están atentando contra su rendimiento laboral. Es una noche especial, víspera de Navidad, hay más mesas reservadas de las que es posible atender y antes de abrir Jones recibe la visita de un agente sanitario que le comunica que el lugar ha pasado de tener 5 estrellas a 3.
La función comienza
Las puertas del restaurante se abren y todo empieza a andar. Las camareras llevando y trayendo menúes y comandas, los comensales exigiendo atención, el “detrás de escena” de la cocina con el personal y sus tensiones laborales y personales.
Todo comienza a fluir en una historia que resultará apasionante por el modo de contar. Nos tendrá atrapados desde el comienzo y no podremos soltarla hasta la última imagen.
Lo destacable de Boilling Point es que en medio de ese caos logra ordenar el relato y tomarse sus tiempos para contar con acciones y diálogos muy precisos y excelentemente interpretados los matices de cada personaje.
Conoceremos allí a Carly, la responsable y eficiente sue chef que resuelve todos los imprevistos que se cruzan a su paso. A Beth, la jefa de personal que transita por una importante crisis de autoridad. A Emily, la chef pastelera que tiene una relación muy tierna y maternal con su ayudante, y una extensa galería de personajes que tendremos la sensación de conocer en tan sólo hora y media de película.
Por otro lado, las circunstancias, la llegada de un renombrado chef y una crítica gastronómica que llegan a ocupar una mesa. Además están junto a otra mesa ocupada por un grupo de influencers que de gastronomía, le agregan un plus a ese ambiente que va ganando más y más tensiones para quienes trabajan en el restaurante.
La presión no sólo existe en el aquí y ahora que cuenta la película sino que se proyecta a futuro: la presión por el éxito, la competencia, la gloria y la excelencia muy propia también del rubro gastronómico.
Como una olla a presión, la película va ganando velocidad a medida que se acerca el final. Y lo hace sin perder profundidad. Sin dejar de contar una historia cuyo guión es impecable.
Hay algo de orquestal en Boilling Point, así como en la cocina. Cada uno atiende su juego sin dejar de tener una visión general. Así se logra el equilibrio en la vorágine, el orden en el caos.
La película de Philip Barantini dialoga con el mundo culinario desde su temática y también desde la forma que elige para contarse. Y es una excelente película para vivir lo vertiginoso de la gastronomía en tiempo real.
Vale aclarar que para quienes vean o hayan visto la película y se queden con ganas de más, dos años después de su estreno, en 2023, la BBC estrenó una miniserie con el mismo nombre que sigue a los personajes en nuevo restaurante.
Boiling Point (Hierve)
País: Reino Unido, Irlanda
Año: 2021
Duración: 92 minutos
Dirección: Philip Barantini
Elenco principal: Stephen Graham (Andy Jones), Vinette Robinson (Carly), Alice May Feetham (Beth), Jason Fleming (Alaistair Skye).
Género: Drama, Suspenso
Productora: Ascendant Films, Burton Fox Films, Three Little Birds Pictures, Matriarch Productions, Alpine Films, Urban Way Productions, Bromantics, White Hot Productions (AU), Insight Media Fund (UK)
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