Big Night sucede en los años 50, y la trama se desarrolla en torno a dos hermanos italianos, Primo y Secondo, propietarios del restaurante Paradise en New Jersey. Hace un tiempo que está abierto y les va mal, tan mal que van a tener que cerrar. Primo es el cocinero, un idealista que dice frases como “Comer buena comida es estar cerca de Dios”. Secondo, a cargo del servicio, se tiene que aguantar a los clientes que se quejan de la cocina italiana “auténtica” del Paradise. Para peor, el restaurante de enfrente, a cargo del advenedizo Pascal, es un éxito gracias a que sirve platos rebalsados de pasta con su side de albóndigas –que Primo llama “violaciones de la comida”– y no el risotto de mariscos del Paradise (sin mariscos a la vista porque está hecho solo con el caldo), que la clienta que fuma en la mesa mira disgustada. Pascal les regala un consejo: “Primero dales lo que ellos quieren y después lo que vos quieras”, pero mientras Primo cocine, el Paradise no va doblegarse. Pascal se apiada: “No necesitas dinero, necesitas conexiones”, es su segundo consejo y él mismo invitará a Louis Prima, un famoso músico de jazz –que de verdad existió y cuya música es parte del genial soundtrack de la película–, junto con su banda, a comer al Paradise en su noche libre. Es la Big Night que le da título a la película.
Por momentos la película toma un tono de comedietta italiana, mal acento incluido, pero todo se perdona considerando que eran los comienzos de dos grandes actores de hoy: Tony Shalhoub (Primo) –saltó a la fama en los 2000 con la serie Monk, y su reciente trabajo en The Marvelous Mrs. Maisel, donde hace del padre de la protagonista, es absolutamente magistral– y Stanley Tucci (Secondo), un actor que dignifica cualquier blockbuster de Hollywood, sin importar lo pequeño de su papel.
Hay mucho más para decir sobre Tucci. Primero, que también escribió y dirigió Big Night –junto a Campbell Scott, que en la película hace de un vendedor de autos– y segundo que, según él mismo confesó, la cocina le interesa más que el cine. En estos años sacó dos libros de cocina que recogen sus recetas familiares, The Tucci Cookbook y The Tucci Table, y acaban de editarse sus memorias Taste: My Life Through Food, en el que relata, entre otras cosas, su experiencia con un cáncer de boca que hizo que todo le supiera a mierda. Por último, tiene un programa en CNN: Stanley Tucci: Searching for Italy, en el que recorre la tierra de sus ancestros, en busca de los tesoros culinarios de cada región.