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BIG NIGHT: los dilemas de un restaurante

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BIG NIGHT: los dilemas de un restaurante

Big Night
País: Estados Unidos
Año: 1996
Duración: 1h 49min
Dirección: Campbell Scott, Stanley Tucci
Elenco principal:

Stanley Tucci: Secondo
Tony Shalhoub: Primo
Minnie Driver: Phyllis
Ian Holm: Pascal.
Isabella Rossellini: Gabriella
Allison Janney: Ann
Marc Anthony: Cristiano

Formato: Película
Género: Drama
Guión: Stanley Tucci y Joseph Tropiano
Fotografía: Ken Kelsch
Música: Gary DeMichele
Productora: The Samuel Goldwyn Company

Elegí Big Night para empezar este ciclo de notas sobre películas gastronómicas porque es una fábula que va al hueso de un dilema siempre vigente en los restaurantes: darle al público lo que pide o cocinar lo que uno quiere y esperar a los clientes correctos.

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Big Night sucede en los años 50, y la trama se desarrolla en torno a dos hermanos italianos, Primo y Secondo, propietarios del restaurante Paradise en New Jersey. Hace un tiempo que está abierto y les va mal, tan mal que van a tener que cerrar. Primo es el cocinero, un idealista que dice frases como “Comer buena comida es estar cerca de Dios”. Secondo, a cargo del servicio, se tiene que aguantar a los clientes que se quejan de la cocina italiana “auténtica” del Paradise. Para peor, el restaurante de enfrente, a cargo del advenedizo Pascal, es un éxito gracias a que sirve platos rebalsados de pasta con su side de albóndigas –que Primo llama “violaciones de la comida”– y no el risotto de mariscos del Paradise (sin mariscos a la vista porque está hecho solo con el caldo), que la clienta que fuma en la mesa mira disgustada. Pascal les regala un consejo: “Primero dales lo que ellos quieren y después lo que vos quieras”, pero mientras Primo cocine, el Paradise no va doblegarse. Pascal se apiada: “No necesitas dinero, necesitas conexiones”, es su segundo consejo y él mismo invitará a Louis Prima, un famoso músico de jazz –que de verdad existió y cuya música es parte del genial soundtrack de la película–, junto con su banda, a comer al Paradise en su noche libre. Es la Big Night que le da título a la película.

Por momentos la película toma un tono de comedietta italiana, mal acento incluido, pero todo se perdona considerando que eran los comienzos de dos grandes actores de hoy: Tony Shalhoub (Primo) –saltó a la fama en los 2000 con la serie Monk, y su reciente trabajo en The Marvelous Mrs. Maisel, donde hace del padre de la protagonista, es absolutamente magistral– y Stanley Tucci (Secondo), un actor que dignifica cualquier blockbuster de Hollywood, sin importar lo pequeño de su papel.

Hay mucho más para decir sobre Tucci. Primero, que también escribió y dirigió Big Night –junto a Campbell Scott, que en la película hace de un vendedor de autos– y segundo que, según él mismo confesó, la cocina le interesa más que el cine. En estos años sacó dos libros de cocina que recogen sus recetas familiares, The Tucci Cookbook y The Tucci Table, y acaban de editarse sus memorias Taste: My Life Through Food, en el que relata, entre otras cosas, su experiencia con un cáncer de boca que hizo que todo le supiera a mierda. Por último, tiene un programa en CNN: Stanley Tucci: Searching for Italy, en el que recorre la tierra de sus ancestros, en busca de los tesoros culinarios de cada región.

El elenco se completa con ¡sorpresa! Mark Anthony en el papel de Cristiano, bachero, camarero y empleado de limpieza; la it girl de los 90 Minnie Driver como Phyllis; la novia de Secondo, Isabella Rosellini, ícono de todo lo atrayente y peligroso de la italianidad; Ian Holm (Pascal), otro enorme actor secundario que reconocerá apenas lo vea al igual que a Allison Janney, protagonista de la serie Mom entre mil otras pelis, en el papel de la tímida florista que conquista el corazón de Primo.

El restaurante y la cocina, donde sucede la mayor parte de la película, están armados en estudio con una iluminación bastante plana lo cual le da, en general, un clima teatral. La producción de la gran cena saca a los hermanos de las cuatro paredes, y sube el tempo de la historia al ritmo de “Buona sera, signorina”, hit del invitado de honor Louis Prima, con una trucha que parece moverse al ritmo de la música en el asiento trasero del auto.

Hay una única secuencia de montaje en toda la película para mostrar la preparación de un plato, recurso hoy usado y abusado en todo contenido sobre cocina: cámara cenital, en registro (con saltos de tiempo), y una edición rítmica. El plato en cuestión es la estrella culinaria de la película: el timpano.

Timpano significa timbal o tambor en italiano y se hace forrando el interior de un recipiente en profundo, en forma de tambor, con una fina capa de masa dentro de la cual se colocan macheronni con ragú, mozzarella, huevos duros y albóndigas (la receta completa está en el libro de Tucci Taste: My life through food). Una vez cocinado al horno, se desmolda con cuidado. Indigesta de solo mirarlo, pero se corta en tajadas finas y, al menos por la reacción de la película, es un manjar.

“Toda la comida fue escupida por los actores. La audiencia salió del cine con hambre, y los actores dejaban el set enfermos”, confesó Tucci. “Uno no quería que la comida se viera demasiado bonita. Simplemente tenía que parecer apetitosa, no hermosa”, continúa, añadiendo que haría “cambios significativos” si estuviera filmando hoy en día. “A veces se ve un poco demasiado brillante, un poco demasiado posado. El timpano no se ve realmente como se supone que debe verse”. Y sí, la verdad es que parece una escultura de resina, tiesa y brillante.

La cena sigue todos los pasos de rigor. La sopa, I Primi, con el risotto (tricolor como la bandera, de pesto, clásico y de mariscos) y el timpano, I Secondi, con un colorido despliegue proteínas y vegetales que remata con un cochinillo entero, aún más barnizado que el timpano y un Dolci del que solo se ve el después. “Cuando alguien se levanta, todo debe verse como si hubiera explotado una bomba en la mesa” –dijo el célebre chef ítalo-americano Mario Carbone con respecto a esta escena de sobremesa que lo inspiró en sus restaurantes. Y solo no la escena, porque en 2013 Carbone abrió en el West Village un restaurante inspirado en el Paradise y hasta usó clips de la película para entrenar a su personal.

La escena final de la película –no es spoiler porque no revela nada del argumento– es un poema en su simpleza. Tucci hace una fritatta en silencio y en tiempo real, para recuperar fuerzas después del servicio. Un huevo para cada uno: Primo, Cristiano y él. Es el regreso a lo más básico: la cocina como medio de restauración, la cocina como espacio de comunión. 

Carbone no es el único fanático de Big Night. El megastar chef Mario Batali dijo nada menos que fue “un hito cultural” en su vida. En una nota de The Guardian de 2016 llamada Cómo Big Night de Stanley Tucci ayudó a iniciar una revolución en la cultura alimentaria estadounidense, Batali confiesa haberla visto 40 veces, así que quién sabe ahora cuántas va. En el año del estreno, tanto dentro de la cocina de su restaurante Pó, como frente a las cámaras de su programa Molto Mario, la misión de Batali era dar a conocer la cocina regional italiana, algo con lo que la tradición ítalo-americana batallaba bastante. Dice Batali que Big Night sentó las bases para discutir este tema de un modo en el que ningún restaurante pudo hacerlo.

Otro tema que la película puso sobre la mesa fue que «la cocina estaba a menudo en desacuerdo intelectual y físico con el salón”. Pero en este aspecto “los fans” Carbone y Batali difieren. Aún siendo ambos cocineros, Batali toma el lado de Primo, el cocinero manda, y Carbone, el de Secondo, hay que darle al público lo que quiere. Hoy, a 27 años del estreno de Big Night, ese debate continúa, y quizás no termine nunca, porque se encuentra en el ADN mismo de la gastronomía.

Big Night
País: Estados Unidos
Año: 1996
Duración: 1h 49min
Dirección: Campbell Scott, Stanley Tucci
Elenco principal:

Stanley Tucci: Secondo
Tony Shalhoub: Primo
Minnie Driver: Phyllis
Ian Holm: Pascal.
Isabella Rossellini: Gabriella
Allison Janney: Ann
Marc Anthony: Cristiano

Formato: Película
Género: Drama
Productora: The Samuel Goldwyn Company

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  • Cayetana Vidal

    Cineasta y periodista gastronómica. Es egresada de la Universidad de Nueva York (NYU) y ha dirigido y escrito múltiples proyectos audiovisuales. Editó La Gran Vida, apuntes y recetas de Fernando Vidal Buzzi.

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