Susana Balbo donde la gastronomía de vanguardia, la memoria emotiva y la calidez humana se funden en un mismo terruño.
Ana Lovaglio Balbo, Directora de Marketing y Hospitalidad no diseña simples itinerarios turísticos; construye memorias vivas. Con una sensibilidad única para el detalle y un instinto forjado en el rigor de la más alta exigencia, Ana, es la mente maestra que redefinió el lujo y la hospitalidad en el terruño sudamericano.
Para el mundo del vino, Susana Balbo es una figura de proporciones míticas; la fuerza motriz detrás de la White Wine Revolution de Argentina y un símbolo de excelencia técnica. Sin embargo, en la quietud del hogar, despojada de los galardones internacionales y las portadas de revistas, la respuesta sobre quién es esa figura colosal se reduce a una verdad fundacional. «Mi mamá, con todo lo que eso significa», confiesa Ana. Hoy, es precisamente Ana quien ha tomado el testigo de ese monumental legado, no para replicarlo, sino para expandirlo hacia un territorio donde el vino dialoga con la alta cocina y el diseño de experiencias.
La visión de Ana marca una era indiscutida de premiumización. Su gestión ha demostrado que el arraigo local, la calidez humana y la excelencia internacional no son conceptos excluyentes, sino el núcleo de una propuesta que exige a la industria repensar lo que significa verdaderamente el arte de recibir, sentarse a la mesa o habitar un espacio.
Cómo formar un camino propio
Crecer observando la construcción de una bodega de prestigio internacional es, en sí mismo, una clase magistral sobre la industria. “Creo que hace 45 o 50 años, cuando mi madre empezó, no es que la industria vitivinícola fuera tradicionalmente masculina, sino que el mundo lo era”, reflexiona Ana.
La verdadera lección de resiliencia que absorbió fue la convicción inquebrantable en las propias capacidades.
Se trata de ir siempre para adelante gestionando tus talentos; cuando te mantienes cerca de lo que te apasiona, la motivación es tan grande que uno mismo se sorprende de hasta dónde puede llegar”.
Ese instinto por forjar un camino propio la llevó en 2013 a romper una barrera conceptual importante. Proponer un restaurante de alta gama dentro de una bodega familiar clásica era una apuesta de alto riesgo. El vino ya poseía una consistencia técnica impecable; la gastronomía debía estar a la altura.
El resultado de ese desafío fue Osadía de Crear. “Mi interés por la gastronomía y la hospitalidad me llevó a crear algo totalmente complementario”, explica.
“El legado de mi madre plantó el estándar y la vara de excelencia con la cual debía hacer todo lo demás. Hoy, luego de 14 años, miro hacia atrás y siento que mi identidad está plasmada en esta parte del negocio”.
Vinos Blancos y Alta Cocina
El corazón de la propuesta de Susana Balbo es, indiscutiblemente, la enología, dirigida por José Lovaglio Balbo, hermano de Ana. Sin embargo, la dinámica entre la bodega y los fogones, liderados por la chef Flavia Amad, es un ecosistema vivo de retroalimentación.
La alta gastronomía de Osadía de Crear floreció en paralelo al redescubrimiento y especialización en vinos blancos, un hito marcado por las primeras añadas del Susana Balbo Signature Barrel Fermented Torrontés. “La cocina de vanguardia evolucionaba hacia perfiles que combinaban mucho mejor con blancos y tintos ligeros, más que con vinos excesivamente intensos”, detalla Ana. Esta especialización permite un enfoque poco ortodoxo en la región: menús degustación de siete tiempos donde apenas uno o dos pases se acompañan de tintos, desafiando el estereotipo del maridaje mendocino clásico centrado exclusivamente en el Malbec.
Sustentabilidad como estándar: La Estrella Verde Michelin
La coherencia de esta visión holística fue reconocida internacionalmente cuando Osadía de Crear obtuvo una Estrella Verde Michelin en 2025. Lejos de alterar la percepción del lujo, la economía circular real —desde el compostaje meticuloso hasta el tratamiento de humedales con aguas grises— se ha integrado como un pilar fundamental de la experiencia. En la actualidad, la ética medioambiental es, en sí misma, el atributo de lujo definitivo.
La filosofía “Be My Guest”
“Para mí, el lujo silencioso es el que no ostenta, el que no necesita gritar para sentirse”, define.
Esta sofisticación silenciosa se materializa en la curaduría de cada detalle: la temperatura exacta de la habitación, la textura de la lencería de cama y, sobre todo, el profundo sentido de lugar. Es un lujo que se percibe en la piel más de lo que se captura en una fotografía.
Gran parte de esta atmósfera se nutre de los recuerdos de infancia de Ana. Nacida en Salta pero criada en las calles arboladas de Chacras de Coria, busca replicar la cadencia de ese entorno: los paisajes cobrizos del otoño, el canto de los pájaros al alba y la brisa fresca de la montaña. Esta nostalgia refinada es la base del programa “Be My Guest”, un concepto diseñado para desdibujar la frontera entre la hotelería comercial y la intimidad de un hogar. “Buscamos que los huéspedes se sientan amigos personales nuestros. Ese equilibrio se logra estando muy presentes; el lujo y la excelencia necesitan estructura y procesos consistentes para sostenerse en el tiempo, pero la ejecución debe transmitir la cultura de hospitalidad de nuestra familia”.
Sorprender a un perfil de viajero cosmopolita que “ya lo ha consumido todo” requiere observación y empatía. Ana revela que registran absolutamente cada preferencia de estadías previas, rompiendo con la predicción neurológica del huésped para generar memorias imborrables. “Nos gusta decir que somos ojos en el mundo con nuestro sueño local”, afirma.
Liderazgo y el horizonte en el Valle de Uco
Retener el talento en una industria marcada por la rotación es un desafío que Ana gestiona con una filosofía heredada y pulida. Basándose en los principios de empoderamiento, comprende que la verdadera lealtad se construye en el día a día. “La gente va a escuchar muy poco lo que dices, recordarán un poco más lo que muestras con el ejemplo, pero no se olvidarán nunca de lo que los hiciste ser capaces de hacer”, cita, recordando que gran parte del equipo fundacional sigue con ellos tras 26 años.
Pero hay un motor aún más profundo detrás de sus decisiones corporativas: la huella que dejará en sus hijos. “Tomar decisiones se hace bastante intuitivo cuando uno tiene muy claro lo que está bien y lo que está mal. Ser fiel a tus valores y que los chicos vivan esta forma de decidir y gerenciar desde chicos asegura que ellos responderán bajo la misma escala el día de mañana. No hay nada más fuerte que el ejemplo”, afirma.
Mirando hacia el futuro, el ímpetu no se detiene. Mientras su hermano José desarrolla un viñedo de culto en San Pablo, enfocado en varietales blancos y Pinot Noir, Ana ya proyecta un Lodge de Montaña en el majestuoso Valle de Uco, consolidando a Mendoza no solo como un origen de grandes vinos, sino como la capital indiscutida de la hospitalidad sudamericana.
Al final de la jornada, si hubiera que destilar la esencia de la experiencia diseñada por Ana en una sola emoción que el visitante deba llevarse al cruzar la puerta, la respuesta es inmediata: Calidez. “Más allá del vino, la gastronomía o la estructura, lo que realmente permanece es cómo uno los hizo sentir”. Una lección de arraigo y humanidad que redefine el significado de sentarse a la mesa.































